domingo, mayo 14, 2006

Fragmentos del 41 al 60

Vengo de morir...

41 (Pág. 17 – 4)

Alcanzar el límite inferior, la extrema humillación, sumirse, dejarse caer sistemáticamente, ¡como por una especie de obstinación inconsciente y mórbida! Volverse un guiñapo, una furcia, hundirnos en el barro y después, bajo el peso y el terror de la vergüenza, estallar y rehacerse, recogiendo nuestros propios restos.

42 (Pág. 17 – 5)

No puedo descender más abajo en mi nada, ni salvar los límites de mi decadencia.

43 (Pág. 17 – 6)

La noche circula por mis venas.

44 (Pág. 17 – 7)

¿Quién me despertará, quién me despertará?

45 (Pág. 17 – 8)

A fuerza de reconocer que nada tiene importancia, carezco ahora de sujeto alguno, de algún pretexto contra el cual ejercitar mi espíritu. Si quiero evitar la catástrofe, necesito urgentemente inventarme una materia, forjarme objetos nuevos, cualquier cosa en suma que no sea mía, que no exija más el “yo”.

46 (Pág. 17 – 9)

Escribir una “Apología de Prusia”, o “Para una rehabilitación de Prusia”.
Desde que se sofócó y aniquiló a Prusia, he perdido el sueño por ella. Tal vez sea yo el único, fuera de Alemania, que llora por la ruina de Prusia. Era la única realidad sólida en Europa. Una vez destruida, Occidente debe caer en poder de los rusos.
El prusiano es menos cruel que cualquier otro “civilizado”. Prejuicio ridículo contra Prusia (del cual es responsable Francia en cierto sentido); prejuicio favorable a los austríacos, a los renanos, a los bávaros, infinitamente más crueles. El nazismo es un producto de la Alemania del Sur. (Es una evidencia de la que nadie quiere reconocerlo).
Por fin ha llegado el momento de decir la verdad.

47 (Pág. 17 – 10) (Pág. 18 – 1)

Lanzándose a la destrucción política de Prusia, los rusos sabían lo que hacían; los anglosajones no abrazaron más que un prejuicio heredado de los franceses (los cuales tienen excusa), quienes desde la Revolución fueron la opinión en el mundo, es decir los prejuicios. (Palabra ilegible) política americana; del otro lado, Inglaterra, por primera vez en mil años, trabaja contra sus propios intereses y renuncia –verdadero suicidio- a la idea del equilibrio europeo.

48 (Pág. 18 – 2)

Exaltación desconocida, intolerable incandescencia, ¡como si el sol viniera a esconderse en mis venas!

49 (Pág. 18 – 3)

No puedo vivir más que en el vacio o en la plenitud, en el interior de un exceso.

50 (Pág. 18 – 4)

Yo podría, en rigor, mantener relaciones verdaderas con el Ser; con los seres, jamás.

51 (Pág. 18 – 5)

Todas las impotencias se reducen a una: la de amar, la de salir de la propia tristeza.

52 (Pág. 18 – 6)

La desesperación es sin duda un pecado; pero un cecado contra uno mismo. (¡Qué profunda intuición para el Cristianismo! ¡Haber colocado la falta de esperanza entre los pecados!).

53 (Pág. 18 – 7)

La enfermedad ha venido a darle sabor a mi desnudez, a recalcar mi pobreza.

54 (Pág. 18 – 8)

Gritar, ¿a quien?, tal ha sido el único problema de toda mi vida.

55 (Pág. 18 – 9)


19 de febrero de 1958


¡Intolerable felicidad! Miles de planetas dilatandose en lo ilimitado de la conciencia. Aterradora dicha.

56 (Pág. 18 – 10)

Sensaciones de pobre tipo –y sensación de un dios-, nunca he conocido otras. Punto e infinito, mis dimensiones, las formas de mi existencia.

57 (Pág. 18 – 11)

Si la sensación de vanidad por todo pudiera ella sola conferir la santidad, ¡qué santo no sería ya! ¡Ocuparía el primer puesto en la jerarquía de los santos!

58 (Pág. 19 – 1)

El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo.

59 (Pág. 19 – 2)

Estoy acabado, al borde de la plegaria.

60 (Pág. 19 – 3)

1 comentario:

Shae Martin dijo...

¿Cómo pudo, cómo pudo, cómo pudo ser tan grande?
Muchas gracias por tu trabajo, Jorgewic.