viernes, mayo 26, 2006

Fragmentos del 241 al 260

Los apasionados, los violentos, son por lo general esclenques, “debiluchos”, porque viven en una perpetua combustión, a expensas de sus cuerpos.

241 (Pág. 36 – 8)

Si no avanzo según algún plan, y si no produzco nada, es porque busco lo inencontrable o, como se decía antigüamente, la verdad. A falta de poderla alcanzar, me estanco, y espero, espero...

242 (Pág. 36 – 9)

Soy un escéptico desmesurado.

243 (Pág. 36 – 10)

Durante los primeros siglos de la era cristiana, yo hubiera sido un maniqueo, más exactamente discípulo de Marcion.

243 (Pág. 36 – 11)

La piedad, una bondad depravada.

244 (Pág. 36 – 12)

No se quién se definió a sí mismo diciendo “soy el lugar de mis estados”. Este definición me conviene a la perfección, y agota casi mi naturaleza.

245 (Pág. 36 – 13)


18 de noviembre de 1959


Al levantarme de la siesta, durante un segundo he experimentado lo que se siente al estar muerto. Algo así como el fogonazo de un cadáver.

246 (Pág. 37 – 1)

Si tuviera el coraje de gritar durante un cuarto de hora todos los días, gozaría de un equilibrio perfecto.

247 (Pág. 37 – 2)

Todo mis escritos no son, en última instancia, más que ejercicios de anti-utopía.

248 (Pág. 37 – 3)

A todo aquel que me asegura desconocer el rencor, me entran ganas de farle una bofetada, para demostrarle que se equivoca.

249 (Pág. 37 – 4)

En cuanto acabada, la vida es una cosa extraordinaria.

250 (Pág. 37 – 5)


18 de noviembre de 1959


Nada más engañoso, más frágil y falso que un espíritu brillante. Prefiero a los fastidiosos, al menos respetan la trivialidad, lo que en las cosas y las ideas hay de eterno.

251 (Pág. 37 – 6)

No comprendo a X. : es aburrido, pero sin ser banal. Tiene el hastio que se desprende de la busqueda de la originalidad, de la persecución de lo insólito, de la sorpresa permanente e inútil.

252 (Pág. 37 – 7)

Nada me choca más que un autor que se cree en el deber de elucidar todos sus progresos, que ahoga en palabras toda cuestión. La volubilidad, pecado contra el espíritu. Los más grances nunca lo olvidan.

253 (Pág. 37 – 8)

El tipo de hombre que admiro, Rancé.

254 (Pág. 37 – 9)

Un dios comienza a devenir falso desde el momento en que nadie se digna a hacerse matar por él.

255 (Pág. 37 – 10)

¡De qué trastorno interior surgirán mis obsesiones cosmogónicas! Se comprende que sean tan frecuentes en los locos.

256 (Pág. 37 – 11)

Tácito, mi escritor preferido. Comparto por entero el juicio de Hume, quien le consideraba el espíritu más profundo de la Antigüedad.

257 (Pág. 37 – 12)

No es la felicidad, son los méritos de los demás los que nos importunan y nos trastornan.

258 (Pág. 38 – 1)

La Oración surge de mi estado de depresión exultante.

259 (Pág. 38 – 2)

Sólo soy atacado por los espíritus carcomidos por la esterilidad -o que se regodean en su esterilidad-. El mismo Joubert me parece a veces muy fecundo.

260 (Pág. 38 – 2)

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