sábado, octubre 24, 2009

Fragmentos del 1821 al 1840

Primer deber de cada uno, al levantarse: ruborizarse de sí mismo.

1821 (Pág. 215 – 7)

Si el perro es el más despreciable de los animales es porque el hombre se conoce lo suficiente como para poder apreciar un compañero que le resulta tan fiel.

1822 (Pág. 215 – 8)

Soy como esas viejas maniáticas que ven en todo desconocido un asesino.

1823 (Pág. 215 – 9)

El reino de lo inesencial.

1824 (Pág. 215 – 10)

Las cosas como son: todos mis pensamientos existen en función de mis miserias. Si he comprendido ciertas cosas, el mérito hay que situarlo únicamente sobre las lagunas de mi salud.

1825 (Pág. 215 – 11)

Las cartas de Simone Weil dirigidas al padre Perrin, escritas durante la guerra y publicadas en Attente de Dieu (Espera de Dios)…, pocas veces he leido algo tan fuerte referido al grado de exigencia absoluta con uno mismo. El respeto a la Verdad tiende a lo trágico.

1826 (Pág. 215 – 12)

¿A qué rezarle en el fondo de este universo marchito?

1827 (Pág. 215 – 13)

Esta angustia que se nutre a sí misma. Cualquier pretexto le vale para inflarse, para exasperarse. Saber que no obedece a ninguna “razón”, y que por tanto hay que someterse y seguir sufriéndola. No puedo dominarla, emana de todos mis desfallecimientos, de una debilidad que habría que calificar de ontológica…

1828 (Pág. 215 – 14) (Pág. 216 – 1)

En la medida de lo posible, huir como de la peste de las palabras “infinito” y “eternidad”.

1829 (Pág. 216 – 2)

Pueblo malhumorado y deshonesto…

1830 (Pág. 216 – 3)

Todo trabajo en profundidad supone cierto gusto por lo reprimido.

1831 (Pág. 216 – 4)

Esos días en los que la menor contrariedad me sume en una depresión total de la cual me resulta imposible deshacerme y que me deja la impresión de que jamás acabará, que me sobrevivirá incluso.

1832 (Pág. 216 – 5)

Nada me gusta más en Calígula que la orden dada a sus guardias de imponer el silencio absoluto en los establos la noche precedente a los espectáculos circenses de su caballo.

1833 (Pág. 216 – 6)

El discurso de Otón antes de matarse. Rehúsa quejarse o acusar, pues, según dice, “ocuparse de los dioses o de los hombres es señal de querer seguir vivo”.

1834 (Pág. 216 – 7)

17 marzo 1964.
¡De repente, un recuerdo muy preciso de mi pequeña habitación de la Schumannstrasse en Berlin, cuando tenía treinta años! ¡Lo cabreado que estuve en aquélla época! Nunca he conocido después una soledad más opresiva.

1835 (Pág. 216 – 8)

Heidegger y Céline…, dos esclavos de su lenguaje, hasta el punto que para ellos liberarse de él equivaldría a desaparecer. Esclavizarse del estilo propio, algo así como entre una necesidad, un juego, y una impostura. ¿Cómo desenredar la parte de cada uno de estos elementos? Se diría que el fenómeno primordial es la necesidad. Es lo que absuelve a los maniáticos de su lenguaje.

1836 (Pág. 216 – 9)

L. Muerto de tuberculósis en 1942 o 1943. Durante la ofensiva alemana de 1940, recuerdo que vino a verme al hotel, a mi habitación donde se encontraban de visita dos estudiantes rumanos, no recuerdo quiénes. Tuve que ausentarme durante media hora. A mi regreso, los estudiantes se habían ido, y quedé a solas con L., que me dijo: “Tus compatriotas son gilipollas…, sí, gilipollas. ¡Les gusta Francia!”
L. tenía tal pánico a ser movilizado que deseaba una derrota rápida. No he conocido por tanto nadie más francés, en el buen sentido del término, que él.

1837 (Pág. 216 – 10) (Pág. 217 – 1)

La pasión por la música es en sí misma una confesión. Nos sentimos más cercanos a un desconocido que se dedica a ella que a cualquiera que le resulte indiferente y que veamos a diario.

1838 (Pág. 217 – 2)

El masoquismo alemán es intolerable. Ayer noche, conferencia de Hans M. Enzensberger. De creerle, sólo los alemanes han cometido crímenes durante la última guerra.
Este pueblo no puede ser más que arrogante o plano, provocador o cobarde.

1839 (Pág. 217 – 3)

Cada uno cree que sólo él persigue la verdad, y que los demás son incapaces de buscarla y no merecen encontrarla.

1840 (Pág. 217 – 4)

8 comentarios:

Álex Ramírez-Arballo dijo...

Te saludo y gracias por tu trabajo. Haces que la obra de Cioran y Orozco, dos de mis dilectos, se más accesible.

Un saludo

-alx rmz

Rorrigo dijo...

El primero (1821)y el último (1849)son los mejores. Soy un "fatigable" lector de Cioran, agradezco el aporte que haces con esta página

fedeMZA dijo...

Jorgewic, pasa algo que no actualizaste mas el blog? estaba armando el libro a partir de tus traducciones.

Excelente trabajo!

Jorgewic dijo...

Estoy entretenido ahora con otras cosas. No sólo éste, sino también mis otros blogs los estoy descuidando un poco..., pero sólo un poco. Pronto volveré a la normalidad.

Sorry.

Anónimo dijo...

Hola.

Navegando por la red a veces se encuentran joyas como esta. Enhorabuena y gracias por tu trabajo. Divido a las personas en dos grupos: las que adoran a Cioran y las que le detestan. Y en mi circulo de amigos y familiares no he encontrado aún a nadie que no se ponga enfermo con su lectura. Y lo entiendo, porque no es fácil gozar con el culto al hastío: requiere de una valentía insana que es mejor ocultar, so pena de ser tachado de enfermo.

Un placer. Gracias de nuevo.

Otro "Jorge".

Sergio Hinojosa dijo...

Gracias por tu aportación a la esperanza de pertenecer a la comunidad imposible de los errantes. Es la ultima esperanza de ser más allá de la grey sin engreimiento. Estamos preparando para el día 20 del mes que viene, en Granada un homenaje a Cioran.

H. S. Lar dijo...

Hola,

Gracias por hacer accesible esta joya por la red. Un agradecido lector más...

H.

Iván P. dijo...

Reitero los comentarios anteriores. Gracias por esta labor. Hace usted que la obra de Cioran aparezca menos remota.

Saludos desde México.