miércoles, diciembre 03, 2008

Fragmentos del 1681 al 1700

Únicamente me interesan aquellas obras que poseen un alcance espiritual. Quiero decir con ello que tres cuartas partes de la literatura me parece inútil.

1681 (Pág. 199 – 12)

Ya he hecho notar otras veces que no puedo concentrarme más allá de un cuarto de hora si tengo el cielo... a mi alcance. Quiero decir que si estoy en una habitación que se abre al horizonte mis pensamientos se deshilachan y devienen esclavos de mis miradas (¡). De hecho, entonces no soy otra cosa que ojos, y caigo en una especie de ensoñación idiota durante horas.
¡Si quieren pensar, cierren sus ventanas, emborronen el infinito!

1682 (Pág. 200 – 1)

Todo aquel que desee avanzar por la senda del espíritu debe guardarse de reflexionar acerca de la literatura.
Lo que cuenta son las experiencias, no los problemas.

1683 (Pág. 200 – 2)

“No he venido a traer la paz...”, y bien cierto es que el cristianismo no la ha traído. Pero con tan agresivas palabras, ¿como no habria de inspirar horror a los ilustrados del paganismo? ¿Puede imaginarse a un estoico profiriendo parecido tipo de sentencias?

1684 (Pág. 200 – 3)

Encuentro tranquilizador haber pasado ya los cincuenta. El mayor esfuerzo ya está hecho, transportada la carga más pesada.

1685 (Pág. 200 – 4)

No me gustan los libros escritos con frialdad. Por otra parte, los que parecen palpitar de calor no dejan de ser enojosos. ¿Cómo hallar el término justo?

1686 (Pág. 200 – 5)

“Cálido impostor”..., ¡con qué gusto aplicaría esta expresión de Leon Daudet sobre Herriot a unos cuantos que conozco!

1687 (Pág. 200 – 6)

De la mañana a la tarde, y algunas horas durante la noche, un monólogo disparatado, de una sandez atestada de relámpagos.

1688 (Pág. 200 – 7)

¡Si pudiera fotografiar mis sueños!

1689 (Pág. 200 – 8)

No olvido que, pese a algunas objecciones que haya podido hacer a los escritores franceses en general, sólo ellos saben darle la vuelta delicadamente a una frase.

1690 (Pág. 200 – 9)

El sentido del ridículo ha asesinado esa majestuosa inclinación mía por la exclamación.
¡Morir de exclamación!
o mejor,
Sus exclamaciones le mataron.

1691 (Pág. 200 – 10)

No es del contacto con las cosas, sino del contacto con los seres donde surge el disgusto.

1692 (Pág. 201 – 1)

Leo y leo..., y salvo honrosas excepciones, no encuentro realidad alguna en las obras que leo. ¿Qué les falta? No sabría decirlo. ¿Algo de peso? Sin duda, pero... ¿qué les confiere peso? Una pasión o una enfermedad..., y no otra cosa. Es preciso, por tanto, que los enfermos y los apasionados posean algún tipo de talento. Lo que está claro, es que el talento sin pasión ni enfermedad no vale nada o casi nada.

1693 (Pág. 201 – 2)

El amargado encontrará en el rigor reposo, pero no la salud.

1694 (Pág. 201 – 3)

Hay una poesía en todo; por ello el género “noble” (¡Rilke!) es, a la larga, insoportable.

1695 (Pág. 201 – 4)

El ruido más intolerable es el que hace el hombre cuando habla o está borracho. Recién llegado a París, en 1938, escribí un artículo en rumano : “Pacatul vocii omenesti” [El pecado de la voz humana”].

1696 (Pág. 201 – 5)

Leo los primeros poemas de Gottfried Benn: Morgue [Depósito de cadáveres]..., habla exactamente de cómo veo yo la vida en ciertos momentos. ¡Y qué gusto contemplar cómo los demás sintieron e imaginaron los mismos horrores que nosotros! Benn hablaba como médico; su visión, por horrible que fuera, es normal y, hasta cierto punto, saludable. Pero, ¡imaginarse las inmundicias de la carne sin necesidad exterior, por simple impuso mórbido!

1697 (Pág. 201 – 6)

Siempre que os encontreis ante un texto demasiado bien escrito, tened por seguro que no pertenece a un sabio.

1698 (Pág. 201 – 7)

Nadie adivinará nunca la tendencia al hastio de que dispongo.

1699 (Pág. 201 – 8)

Acostumbro a desconfiar de casi todo lo que se considera literatura. Formarse una opinión sobre una obra, tras haber sido inspirados por una emoción, sea ésta pequeña o grande, es un error. La emoción engaña siempre, y esto es tanto más lamentable cuanto que, además, no hay literatura alguna en ella. Pero nunca sabemos qué emoción es verdadera y cual falsa hasta que hayamos formulado nuestros juicios.

1700 (Pág. 201 – 9)

lunes, noviembre 17, 2008

Fragmentos del 1661 al 1680

Mengano dice: Yo no odio a nadie..., salvo a X. Y basta con eso, es como si odiara ya a todo el mundo. Acumula en su interior entonces tanto veneno como el que detesta a todo el mundo, indistintamente.

1661 (Pág. 198 – 2)

Retractaciones..., me encanta este título de San Agustín, que halaga la pasión que siento por renegar.

1662 (Pág. 198 – 3)

¡Es increíble hasta qué punto es poético el invierno!

1663 (Pág. 198 – 4)

El orgullo en un alemán es insoportable: siempre agresivo, sin matices. Le pasa incluso a los más grandes. ¡Qué lástima que esta nación sea inaccesible al escepticismo! (Puede ser nihilista, pero nunca escéptica) . La filosofía desarrolla el orgullo, y además lo torna presumido: ¿cómo construir un sistema, cómo pensar siquiera en la idea de construirlo, sin tomarlo por un dios?
Sólo aguanto el orgullo entre los réprobos, los desheredados, los inválidos.

1664 (Pág. 198 – 5)

Releo algunos poemas de Emily Dickinson. Emocionado hasta las lágrimas. Todo lo que de ella emana tiene el poder de trastornarme.

1665 (Pág. 198 – 6)

10 de diciembre. Desde mi cama veo pasar un gran pájaro negro, muy oportuno en ese cielo contaminado y opaco.

1666 (Pág. 198 – 7)

El Mesiás, ayer tarde en Pleyel.
La alegría me parece la característica esencial de Haendel, afortundamente exenta de todo rastro de metafísica.

1667 (Pág. 198 – 8)

“Durostor”..., “Silistra”..., esos departamentos del sur de Dobroudja [pertenecientes a Rumanía entre 1913 y 1940] de los cuales sin duda fué el nombre búlgaro lo que más me llamó la atención con seis años cuando entré en la escuela primaria en Rasinari..., y cuya existencia de repente me viene a la memoria, mientras me veo subiendo la calle para ir a clase. ¡Esto ocurrió hace ahora “exactamente” cuarenta y seis años!

1668 (Pág. 198 – 9)

Es tranquilizador que a la postre vivamos sin que nadie adivine ni la suma ni la intensidad de nuestros sufrimientos. Sólo así nuestra soledad será preservada para siempre.

1669 (Pág. 198 – 10)

Haworth... (creo haberlo dicho) es, de todas las zonas montañosas que he visitado, la que más me ha conmovido.

1670 (Pág. 199 – 1)

Una sonrisa exterminadora.

1671 (Pág. 199 – 2)

No es necesario que acabes en la cruz, porque has nacido ya crucificado.
11 de diciembre de 1963.

1672 (Pág. 199 – 3)


11 de diciembre de 1963. Una locura en sus proporciones y ensoñación.
Después del asesinato de su esposo, Jacqueline Kennedy me dió un telefonazo. Un paseo por el bosque (el de Sénart). Discusiones apasionadas, alegría, etc.
Stalin, Roosevelt y Churchill vienen a verme a mi habitación del hotel, tras la conferencia de Yalta, para pedirme excusas por no haberme consultado antes sus propuestas.
(Ver también el sueño sobre el asesinato de la reina de Inglaterra).

1673 (Pág. 199 – 4)

En una de las primeras cavernas descubierta en la región de Lascaux se encontraron tres esqueletos, de los cuales uno tenía el cráneo roto. Incluso en las épocas en que el hombre escaseaba, los conflictos y las pasiones eran sin duda apenas sólo un poco menos exasperadas que hoy día. La historia de Caín y Abel prefigura (en un atajo definitivo) toda la historia humana.
... Sin embargo, sigo creyendo que el hombre era entonces más “feliz” que ahora. Estoy incluso seguro de ello.

1674 (Pág. 199 – 5)

No se puede vivir ni con los dioses, ni sin ellos.

1675 (Pág. 199 – 6)

El Hombre del Hastío.

1676 (Pág. 199 – 7)

Percibo a cada instante con una agudeza a ratos helada, a ratos alucinante, el no-ser de la carne.

1677 (Pág. 199 – 8)

Las melodías que improvisadamente surgen de nosotros testimonian contra la majestad de la vida.

1678 (Pág. 199 – 9)

Mañana fúnebre y cantarina. Un poema muere conmigo.

1679 (Pág. 199 – 10)

Mi paradoja consiste en ser un obseso cuyo espíritu no llega a fijarse. El caos en torno a los mismos temas.

1680 (Pág. 199 – 11)

jueves, octubre 30, 2008

Fragmentos del 1641 al 1660

Cada vez más adopto un punto de vista de viejo sobre los problemas diarios. Siento miedo y horror frente al desorden, a la iniciativa, a los jóvenes y a los pobres, a todos los descontentos..., al porvenir, en suma. Me inclino, como todos los mendigos, por el statu quo.

1641 (Pág. 195 – 9)

No soporto ni los poemas desaliñados, ni los excesivamente elaborados. Y sin embargo así son los que por todas partes nos proponen. Es algo de lo más penoso.

1642 (Pág. 195 – 10)

¿Para qué abrir un libro de fulano o mengano? Ya sé que desde hace tiempo no tiene nada que decir..., pero él prefiere aburrir a ser olvidado.
A partir de cierto momento, todo el mundo no hace más que repetirse, tanto el artista como el erudito, el delicado como el vulgar. Y quien intenta renovarse de vez en cuando, lo consigue únicamente a base de sucesivas renuncias. Cambia de rostro, ya no es él. En el fondo, en la vida se puede profundizar o ser superficial, quiero decir que se puede evolucionar, pero lo que nunca puede uno es metamorfosearse. No existe la mutación en la vida espiritual. Porque todas nuestras crisis, igual que todos nuestros cambios, estaban virtualmente en nosotros.

1643 (Pág. 195 – 11) (Pág. 196 – 1)

En una obra de arte no es el contenido, sino la forma, lo que apesta a moho. En poesía el verso melódico caduca y exaspera; en prosa todo lo excesivamente rebuscado, todo lo demasiado bien escrito. Una cierta incisividad en la inconclusión me parece la seña esencial de modernidad.

1644 (Pág. 196 – 2)

Un arte se debilita cuando toma prestadas demasiadas cosas de otro vecino. Parecerse en lo bueno lo más posible a la música..., idea funesta para la poesía, fantasía descabellada del poeta. No hay que pedir a las palabras lo que por naturaleza no pueden dar.

1645 (Pág. 196 – 3)

Leo un libro repleto de anecdotas sobre Georg Simmel, por sus alumnos y amigos. Hace treinta años era mi filósofo preferido..., aunque entonces lo ignoraba casi todo acerca de su vida. Y mira por dónde este libro me ha revelado una multitud de detalles que, curiosamente, me han conmovido tanto como lo hubieran hecho en mi juventud.

1646 (Pág. 196 – 4)

Todos esos filósofos que hablan de la Historia..., y que, visiblemente, carecen de cultura historica alguna.

1647 (Pág. 196 – 5)

Hacia 1820 Hegel era el gran filósofo del momento. Por esos mismos años, Schopenhauer se esfuerza por descollar en la universidad, pero fue un completo fiasco. Apenas tenía alumnos. Cincuenta años después, es el Filósofo de moda y su pensamiento campea por las aulas de la época, en detrimento de Hegel, el cual ha vuelto a ganar de nuevo a un Schopenhauer con quien nuestro siglo no quiere nada.

1648 (Pág. 196 – 6)

Debo volver al fragmento propiamente dicho. Mi espíritu funciona de un modo que no puede “construir” ni ir más allá de una serie de esbozos.

1649 (Pág. 196 – 7)

¡Tener que vivir en el alelamiento que de ordinario sigue a toda crísis epiléptica sin haber padecido nunca ninguna! ¡Luchar sin cesar contra la opacidad que invade al espíritu!

1650 (Pág. 196 – 8)

Cuando pienso en la acumulación de inteligencia, reflexión y tiempo que se ha desperdiciado para justificar el milagro (???) de la Trinidad, se me llevan los demonios. ¡Y sin embargo, qué importa si nuestro pensamiento se aplica, teniendo excusa para ello, a un motivo u otro mientras legitime los esfuerzos que ese pensar le reclama y que no puede dejar de reclamarle!

1651 (Pág. 197 – 1)

He notado que todos los que poseen una voz melodiosa no hacen más que patentar una cierta insuficiencia mental.

1652 (Pág. 197 – 2)

Un malhumor..., casi sin tregua. Y conozco la razón: no cumplo con mi deber, no llevo a cabo ninguno de mis proyectos. Sólo adquirir un compromiso me pone ya en un estado parecido a la pesadilla. Huir, huir..., el único secreto de mi vida. Debo estar poseído por la pasión inconsciente de lo inacabado. Aunque, seguramente, lo que me agarrota es un miedo desmesurado a prevalerme de otra cosa ajena a mi incapacidad para tomar parte en lo que sea. Para mí, lo supremo pasa por la abstención.

1653 (Pág. 197 – 3)

He soportado bastantes cosas por comparar mi situación con la de fulano o mengano, menos envidiable. Pero esta clase de consuelo es falsa, por no decir perversa. Suscita en nosotros dos sentimientos igualmente viles, por cuanto nos hace desear que los demás sean más desgraciados que nosotros, sin tener en cuenta que esto no nos ayuda nada en lo más crudo de nuestra desgracia, sino solamente después, cuando ha pasado ya el pánico o lo insoportable.

1654 (Pág. 197 – 4)

De todas las personas interesantes que he conocido, casi ninguno poseía talento, salvo lo de ser justamente interesantes.

1655 (Pág. 197 – 5)

Debo a la Providencia la facultad de no realizarme.

1656 (Pág. 197 – 6)

En todas las esferas del arte y de la vida únicamente merecen atención los incomprendidos. ¡Morir despreciado!

1657 (Pág. 197 – 7)

He leído no sé dónde que Goar (¿acaso un poeta? ¿un santo? ¿un loco?) colgó como por descuido su abrigo en un rayo de sol....

[Milagro atribuido a San Goar, durante el II Concilio de León en 1214, en presencia del Papa Gregorio]

1658 (Pág. 197 – 8)

Felicidad y deseo de gloria son incompatibles. La felicidad, como dijo Aristóteles, pertenece a quienes se bastan a sí mismos.

1659 (Pág. 197 – 9)

Si se quiere escribir e incluso pensar, hay que abstenerse de analizar lógicamente el lenguaje.

1660 (Pág. 198 – 1)

lunes, octubre 13, 2008

Fragmentos del 1621 al 1640

Para deshacerme de mis negras pesadumbres he tenido que “oscurecerme” más de lo que no soy : no las he vencido, pero al menos he logrado soportarlas.

1621 (Pág. 193 – 9)

La falsedad es más frecuente en el arte que en la vida. En ella cae el artista reflexivo, aquel que carece de instinto.

1622 (Pág. 193 – 10)

El artista que reflexiona demasiado sobre sus medios lo hace a expensas de su instInto.

1623 (Pág. 194 – 1)

Soy hijo del café y el cigarrillo. Ahora que he dejado de fumar y de tomar café me siento desarraigado, como si me hubieran desposeído de mi esencia..., o de mi veneno, aquel que me movía a trabajar.

1624 (Pág. 194 – 2)

Por más vueltas que le dé y por más que me hunda en las mismas obsesiones, hasta el final me acompañará siempre el mismo problema; me fastidia desde que lo comprendí y, por tanto, me atormenta y no dejo de pensar en él.

1625 (Pág. 194 – 3)

“Como la rosa en primavera o el siega en otoño, todo cuanto nos ocurre es tan vulgar como previsible. Así son para nosotros la enfermedad, la muerte, la calumnia que nos desgarra...” (Marco Aurelio).
Considero muy profundo lo de meter la calumnia, en la jerarquía de los males, inmeditamente después de la enfermedad y la muerte...

1626 (Pág. 194 – 4)

Llevo días enteros sumido en una tensión inerte, sin idea alguna, por debajo de los umbrales mismos del pensamiento y el Espíritu. Una vacuidad lúcida, la nada contemplándose indefinidamente a sí misma.

1627 (Pág. 194 – 5)

La idea de la muerte apenas me conmueve; pienso en ella sin pensarlo. En mi interior algo ha huído definitivamente de la vida. ¡Ay, aquel tiempo de mis frenesís!

1628 (Pág. 194 – 6)

La objetividad es señal de agotamiento; el vigor elige y rechaza. A todo hace justicia la debilidad, al tiempo que escamotea lo irreductible. El eclecticismo, sea cual sea la forma en que se presente, presta testimonio de la impotencia y la sosería.

1629 (Pág. 194 – 7)

La muerte de Kennedy ha tomado para mí el tamaño de una pena. (P.D.: Es impropio decir “tamaño” para referirse a una pena, además de incorrecto: puede hablarse de la dimensión de un duelo, porque es algo externo; la pena carece de extensión). (¡Vaya observaciones más estúpidas!). Gramática funeraria.

1630 (Pág. 194 – 8)

Disfruto dedicándome a considerar la vida como una superstición de la cual aún estamos a tiempo de escapar, cuando algo en mí se resiste a mis esfuerzos y anula sus efectos.

1631 (Pág. 194 – 9)

¿Qué de sorprendente hay en que el entusiasmo sea un estado mórbido, si lo encontramos en el orígen de los grandes desgracias públicas y privadas

1632 (Pág. 194 – 10)

Mi juventud fué desesperada y entusiasta; aún hoy, todavía no he acabado de soportar sus consecuencias.

1633 (Pág. 195 – 1)

Un hombre no vale más que por todo aquello que no ha hecho, por sus momentos de abstención y de ensoñación.
Cada uno de nosotros es el resultado de sus horas desperdiciadas, de su tiempo perdido.

1634 (Pág. 195 – 2)

Con cada año que pasa, mis dolores ganan en precisión.

1635 (Pág. 195 – 3)

Creerse libre, nada más hermoso..., y superficial.

1636 (Pág. 195 – 4)

29 de noviembre. Noche en blanco..., durante la cual he abordado cantidad de problemas y encontrado algunas teorías “preciosas”. Pero ni esas teorías ni esos problemas se me hacen ahora presentes : unas y otros se han disuelto en el aire de la mañana. Debe de haber algún equívoco en la pretendida “profundidad” de los insomnios; el respeto que por ellos sentía disminuye. ¡Jamás hubiera creído que un día llegaría a hablar mal de ellos!

1637 (Pág. 195 – 5)

No hay que escribir las boutades. Es el error que cometí en mis Silogismos [de la amargura].

1638 (Pág. 195 – 6)

Una prueba bien terrible la de tener que escribir una carta de agradecimiento o de felicitación.

1639 (Pág. 195 – 7)

Extenuado por la gratitud...

1640 (Pág. 195 – 8)

sábado, octubre 04, 2008

Fragmentos del 1601 al 1620

He visitado, en la plaza des Vosgues, el Museo Victor Hugo. Ni siquiera intento comprender por qué no me interesa nada de su vida, ni de su obra.

1601 (Pág. 191 – 8)

La idea de volver a encontrarme con otros escritores me pone francamente enfermo. Contemplar el reflejo de los defectos propios empeorados es intolerable. Y después no hay quien aguante lo vanidoso que me pongo.

1602 (Pág. 191 – 9)

El día de ayer (6 de noviembre), sólo, a lo largo del Oise, entre Beaumont y Boran. Nada hay más hermoso en el mundo que recorrer la orilla de un rio en otoño, pasearlo, hundirse en el agua, sin esfuerzo, sin prisa, sin que nada nos recuerde la mano del hombre...

1603 (Pág. 191 – 10) (Pág. 192 – 1)

De la angustia puede decirse lo mismo que se dice del mar...

1604 (Pág. 192 – 2)

El soltero no es un egoísta, como suele decirse, sino alguien a quien no le gusta martirizar a nadie. Asociarse con alguien, sea para casarse o para cualquier otra cosa, es poder achacarle al otro todos los fastidios que sentimos o encontramos. Toda forma de vida en común supone la voluntad de descargar sobre los demás nuestros malos humores.

1605 (Pág. 192 – 3)

Acabo de oir Ramona, la canción de moda en 1929, cuando abandoné Sibiu para ir a Bucarest, a la Universidad. El comentarista la encuentra ridícula, lo cual es cierto, pero a mí me permite recordar un período de mi vida mucho mejor que los mayores esfuerzos de memoria o el mismo regreso a los lugares de mi juventud.

1606 (Pág. 192 – 4)

Madame de Staël habla de la pedantería de la ligereza entre los franceses.

1607 (Pág. 192 – 5)

15 de noviembre de 1963. Noche interminable que me hace evocar el verso de Rilke : “In solche Nächte wissen die Unheilbaren: wie waren” [En noches como ésta saben todos los incurables: hemos sido...”, de Das Buch der Bilder].

1608 (Pág. 192 – 6)

Escribir sobre otro es reconocer que no tenemos nada que decir sobre nosotros mismos.

1609 (Pág. 192 – 7)

Leo en la Etica a Nicómano el luminoso capítulo sobre la equidad y la justicia.

1610 (Pág. 192 – 8)

Sólo los malos pensadores ejercen una gran influencia. Un Fourier, que es prácticamente ilegible, dominó por ejemplo todo el siglo XIX en Rusia. Los intelectuales se dividían entre fourieristas y anti-fourieristas; el mismo Dostoievsky pertenecía a los primeros antes de Siberia..., y luego a los segundos. Tolstoi, que le despreciaba con una pizca de envidia, le llamaba siempre “ese fourierista”.

1611 (Pág. 192 – 9)

¡Maldito el escritor o el pensador que crea escuela!

1612 (Pág. 192 – 10)

Todo lo que de viviente permanece en el folklore todavía es anterior al cristianismo... Lo mismo ocurre con todo lo que aún pervive en cada uno de nosotros.

1613 (Pág. 193 – 1)

Me extraña que no envidiemos a quienes poseen la facultad de rezar, y en cambio nos colmen de envidia las riquezas y los éxitos exteriores de los otros. Nos resignamos a la salvación de los demás, nunca a sus prosperidades.

1614 (Pág. 193 – 2)

¿Qué relación puede haber entre la Misa en re menor [BWV 232 de Bach] y la doctrina de una pequeña secta de Judea? ¿Cómo concebir que ésta pueda haber inspirado a aquella? También es verdad que no hay modo de entender como de la sinagoga o las catacumbas se haya podido desembocar en las catedrales góticas... (Una religión por sí misma no es nada: todo depende de la comunidad que la adopta. El cristianismo alemán de ciertos teólogos nazis no tenía nada de absurdo más que desde un punto de vista teórico, doctrinal: desde el práctico, histórico, se correspondía perfectamente con una realidad).

1615 (Pág. 193 – 3)

La vida..., el equilibrio de luto.

1616 (Pág. 193 – 4)

Todo el mundo, sin excepción, se preocupa demasiado. A la salvación por la abulia.

1617 (Pág. 193 – 5)

El artista que busca la originalidad a cualquier precio y de una manera constante cansa pronto, porque nada más insoportable que la monotonía de lo insólito. No hay auténtico arte sin un minimum..., ¿qué digo?, sin una buena dósis de banalidad.

1618 (Pág. 193 – 6)

Lo que cuenta en el arte es la necesidad. Hay que sentir de una manera radical que una obra es necesaria, pues en otro caso no vale nada y aburre..., sentir que si tenemos la impresión, aunque sólo sea por un instante, de que es intercambiable, todo se viene abajo.

1619 (Pág. 193 – 7)

Cada uno de nosotros es prisionero de su propio juego, y mientras somos no hacemos otra cosa que volver a ponerlo en marcha.

1620 (Pág. 193 – 8)

domingo, septiembre 21, 2008

Fragmentos del 1581 al 1600

Es peligroso frecuentar a los ancianos: se les ve tan alejados de la sabiduría y tan poco dispuestos a alcanzarla que, con respecto a ellos, nos creémos en posesión de una madurez que consideraríamos excepcional. Y por real o efectiva que ésta sea en lo que a ellos se refiere, incita al orgullo e incluso a la arrogancia.

1581 Pág. 189 – 7)

El mundo no está instalado en la mediocridad, sino en la malsana desmesura. Eso explica por qué nada ni nadie se encuentra en su lugar, mientras que lo estuviera en la mediocridad habría algún tipo de proporción entre las situaciones y los destinos.

1582 (Pág. 189 – 8)

Todo aquel que quiera hacer hablar de uno mismo debemos considerarlo como un virtual enemigo.

1583 (Pág. 189 – 9)

Puede que no sea más que locura por mi parte, pero no consigo encontrar a nadie en el mundo tan atormentado y paralizado por lo esencial como yo.

1584 (Pág. 189 – 10)

No hay cosa más difícil en el mundo que representarse la cara de alquien a quien se admira u odia sin haberlo visto nunca. Se pueden intuir sus secretos, pero no sus rasgos. Lo que de más visible hay en una persona es lo que más descoloca a nuestra imaginación.

1585 (Pág. 190 – 1)

Paso por un período en el que ni la poesía ni la mística me dicen nada. El lirismo, sea cual sea el disfraz bajo el que se presente, me hace el efecto de un purgante. La prosa ácida, corrosiva..., la única que me sienta bien.

1586 (Pág. 190 – 2)

28 de octubre. Conversación con un joven alemán de diecinueve años, muy inteligente y abierto, que lo sabe todo acerca de todo. A su lado yo parecía amojamado, chapado a la antigua, de otra generación. Estoy pagando caro mi horror a los jovenes..., he caducado, lo que me horroriza todavía más.

1587 (Pág. 190 – 3)

Del pensamiento me interesa el escritor, del escritor..., el temperamento.

1588 (Pág. 190 – 4)

El único hombre que ha comprendido es aquel que no se preocupa por nada, que pone al honor y al deshonor en el mismo plano. Alles is einerlei [Todo es uno y lo mismo]. Ésa es la última palabra de la inteligencia, y ¡ay! de aquellos a quiénes le repugne aceptarla o simplemente se muestren incapaces de suscribirla, ¡la de sufrimientos y miserias que les esperan!

1589 (Pág. 190 – 5)

La vida me parece bastante más tolerable desde que acepté mi indignidad como un hecho sobre el cual no cabe volver.

1590 (Pág. 190 – 6)

No poseo atributo alguno, soy un hombre abandonado, es decir, que podría fácilmente convertirme en un sabio...

1591 (Pág. 190 – 7)

Cada palabra tiene un pasado, en el mismo sentido en que se dice que toda mujer que ha vivido tiene uno... “Hay que estar borracho o loco, decía Sieyès, para hablar bien en una lengua conocida.”
Hay que estar borracho o loco, añadiría yo por mi parte, para atraverse aún a usar las palabras, no importa cuáles.

1592 (Pág. 190 – 8)

Ya podemos atarearnos, que la muerte continúa en nosotros sus largas cavilaciones, su soliloquio ininterrumpido.

1593 (Pág. 190 – 9)

Los aplausos prolongados me hacen pensar en las revoluciones. Cuando veo a una muchedumbre delirante, aunque sea en una sala de conciertos, mi primera reacción es largarme de golpe.

1594 (Pág. 191 – 1)

Sin ninguna duda soy un Gemütskranke [un enfermo del alma, de los sentimientos] (intraducible). Tengo ataques de rencor increíbles, de una virulencia temible, si bien enteramente gratuitos. Revelan un vicio constitutivo, una profunda avería de la máquina. Odio sin necesidad alguna..., pero ¿realmente se trata de odio? ¿No es más bien un permanente estado de locura sin declarar?

1595 (Pág. 191 – 2)

Acabo de leer en el Decamerón la descripción de la peste en Florencia. (¡Aunque está mucho mejor la de Atenas por Tucídides!). Cualquier plaga me colma, me tranquiliza. El horror me fortifica, si está bien contado.

1596 (Pág. 191 – 3)

Nadie puede hacerse iniciar en los Misterios si se carga con la responsabilidad de un crímen. Nerón, que hizo asesinar a su madre, no exigió la iniciación cuando viajó a Grecia.

1597 (Pág. 191 – 4)

5 de noviembre de 1963. Noche atroz, como tantas otras. He intentado multitud de remedios, pero mi organismo ya no los soporta. Debería dejar a mis enfermedades en paz.

1598 (Pág. 191 – 5)

Sólo puedo leer lo que me “da la vuelta” (Después de haber leído la Confesión de un golfo de Serge Essénine).

1599 (Pág. 191 – 6)

Tiberio, purista. Según Suetonio, se puso tan furioso al encontrar la palabra griega monopolio que insistió en encontrarle un equivalente latino. No por casualidad estuvo durante su juventud rodeado de gramáticos.

1600 (Pág. 191 – 7)

sábado, septiembre 13, 2008

Fragmentos del 1561 al 1580

Un libro sólo es un acontecimiento para quien lo ha escrito. Para ahorrarse desengaños, más de un autor debería pensárselo bien y sacar sus conclusiones. Claro que, verdaderamente, si así lo hiciera tendría que dejar de escribir.

1561 (Pág. 187 – 7)

Me siento totalmente incapaz de un esfuerzo continuado tanto en el pensamiento como en la acción. Ningún obseso fué nunca tan dubitativo.

1562 (Pág. 187 – 8)

Lucrecio, Bossuet, Baudelaire..., ¿quién ha entendido mejor que ellos la carne, todo lo que tiene de podrida, de horrible, de escandalosamente efímera?

1563 (Pág. 187 – 9)

De repente me vienen a la cabeza todos los muertos que he visto, con su postrero e insoportable rostro, y veo también los rasgos de mis amigos cuando fallecieron, y me veo a mí mismo al principio y al final de ese macabro desfile. Tened piedad de nosotros, de todos nosotros..., vosotros, a los que ya no podemos llamar.

1564 (Pág. 187 – 10) (Pág. 188 – 1)

Mi drama es ser un ex-ambicioso. De vez en cuando aún distingo los coletazos de mis aspiraciones, de mis locuras de antaño. De hecho, no estoy curado del todo de mi pasado.

1565 (Pág. 188 – 2)

Insomnio.
“Cuando el pájaro del sueño viene a hacer su nido en mis pupilas, ve las pestañas y tiene miedo sus redes”. (Ben al-Hammara, poeta andalusí del siglo XII).

1566 (Pág. 188 – 3)

Por temperamento, soy un juerguista..., aunque mis enfermedades me han convertido en un “mártir”. Todos los días sufro el drama de esos instintos contrariados.

1567 (Pág. 188 – 4)

En los comienzos de nuestra era se acusaba a los judíos de ser cristianos, se les responsabilizaba de Jesús, del que, por lo tanto, habrían renegado; dos mil años despues, se les considera responsables de Marx, del cual dicen se les considera seguidores, bien está que cada vez menos, aunque por su causa vayan a tener que pagar tanto como antaño hicieran por Cristo.

1568 (Pág. 188 – 5)

Querer justificar un fracaso es minimizarlo y comprometerse.

1569 (Pág. 188 – 6)

Montaigne, un sabio, no tuvo seguidores; Rousseau, un histérico odioso, suscita aún discípulos.

1570 (Pág. 188 – 7)

He estado hablando durante dos horas, por miedo a tener que escuchar. ¡Que en el punto en que me encuentro, miserable y triste hasta la depravación, tenga que hacer el payaso!

1571 (Pág. 188 – 8)

Lo seductoras que me parecen esas personalidades con carácter que no han dejado obra, que no se han rebajado a escribir un libro.

1572 (Pág. 188 – 9)

Cuando esperamos a alguien que se retrasa, cada minuto que pasa lima su prestigio un poco más; al cabo de una hora ya no significa nada para nosotros, está endemoniado a nuestros ojos.

1573 (Pág. 188 – 10)


Si alguna vez el demonio toma posesión de mí, está claro que es una procrastinación [un aplazamiento].

1574 (Pág. 188 – 11)

Ser un fanático del laconismo, y querer ganarse la vida como escritor.

1575 (Pág. 189 – 1)

Cuando veo a X. y se nos mete en medio Y. sólo me quedan ganas de apartarme, de desaparecer sin dejar huella.

1576 (Pág. 189 – 2)

... Y sin embargo tengo cierto gusto por los destinos “arreglados”, por aquellos que poseen un gran estilo, tipo Byron. Es un rescoldo de mi pasión por la gloria de cuando tenía veinte años.

1577 (Pág. 189 – 3)

Envidiamos a quienes mejor conocemos, a aquellos que hemos frecuentado a menudo y cuyos éxitos deberían producirnos placer. Será por ello en toda amistad hay algo “podrido” y que no amanos verdaderamente a nuestros allegados más que en la medida en que son víctimas. En cuanto que dejan de serlo, les acechamos con recelo y ansiedad.

1578 (Pág. 189 – 4)

Tenía la joroba de la desgracia.

1579 (Pág. 189 – 5)

Nada nos torna más escépticos que la necesidad de tener que vivir en la duplicidad, de decirle “amén” a todo quisque y de asistir, de ese modo, al espectáculo de nuestra propia versatilidad. Todo hombre en situación subalterna, si quiere mantenerla, debe espantar a la verdad o, al menos, dudar de ella cuanto sea posible.

1580 (Pág. 189 – 6)

sábado, septiembre 06, 2008

Fragmentos del 1541 al 1560

Mi hermano me escribe acerca de los achaques y penalidades que soporta mi madre : “La vejez es la autocrítica de la naturaleza”.

1541 (Pág. 185 – 8)

Nada resulta más revelador de lo que soy que mi pasión por Isabel de Austria.

1542 (Pág. 185 – 9)

Lo que más me gusta de los judíos es la voluptuosidad con que rumian su insoluble destino. En el fondo, es lo único que verdaderamente les importa.

1543 (Pág. 185 – 10)

Desde siempre soy una veleidad del canto, pero el canto no llega.

1544 (Pág. 185 – 11)

En épocas sin profetas nos ocupamos de la interpretación de los sueños y en ellos buscamos la imágen del porvenir.

1545 (Pág. 185 – 12)

Si fuera creyente, dejaría este mundo a sus acérrimos paladines, sin avisar a nadie. Pero incluso careciendo fe, en el punto en que me encuentro, debería romper con todo e irme a vivir a un desierto cualquiera.

1546 (Pág. 186 – 1)

En mi vida lo que cuenta son esas noches en que, una tras otra, mis certidumbres se vienen abajo.

1547 (Pág. 186 – 2)

Para ser sincero, el cristianismo lo ha echado todo a perder. Un aguafiestas. Siglos y siglos inútilmente profundos. Lo que lamento haber estado alimentándome de su substancia. Me he atiborrado. ¡Maldición, mil veces maldición!

1548 (Pág. 186 – 3)

Llevo bastante tiempo sumido en el dolor y sus derivados. En estos últimos días, especialmente..., no sé como he podido llegar a la cincuentena. He nacido para disfrutarlo todo, poseo un fondo alegre que sólo mi mala salud ha viciado. Un eterno malestar que no cesa de amargarme y que surge de la contradicción entre mis inclinaciones primitivas y mis humores adquiridos.

1549 (Pág. 186 – 4)

No logra uno cierta serenidad hasta que no hemos agotado la piedad por nosotros mismos.

1550 (Pág. 186 – 5)

He aquí una de las pocas cosas de las que estoy seguro : la única razón por la que los hombres viven en común es para atormentarse, para hacerse sufrir los unos a los otros. Nunca me cansaré de machacar esta evidencia.

1551 (Pág. 186 – 6)

Apenas he empezado a tramar un pensamiento, le pierdo el hilo. Es la trama lo que le falta a mi espíritu. Y, por seguir con la metáfora, ¿hay algo más descosido que mi “genero”?

1552 (Pág. 186 – 7)

Estoy hueco, vacio, y no hay en mi interior ni rastro de “música”. El espíritu arrasado para siempre. ¿Cómo he podido llegar a este extremo? ¿Cómo ha sido posible?

1553 (Pág. 186 – 8)

20 de octubre . Desde hace algunos días veo, en el último piso del hotel de enfrente, a alguien (¿un americano o un alemán?) que escribe sin cesar a máquina. ¿De dónde le vienen las palabras? ¿Acaso tiene algo que decir? Posee tal pinta de bestia, que nadie le creería ni siquiera capaz de inspirarse en alguna banalidad.

1554 (Pág. 186 – 9)

Acabo de leer algunas páginas que escribí en rumano hace más de veinte años. Mala poesía, si lo fuera..., una especie de “estremecimiento” contínuo que me ha dado náuseas. Si ahora tuviera la vitalidad de entonces, puede que hiciera algo meritorio, en cualquier caso menos penoso. Hay que guardarse de la poesía como de la peste. O bien escribir con franqueza los poemas.
Una sola cosa positiva: logré alcanzar en Paris, durante la guerra, un conocimiento del rumano que me asombra. Leía la Biblia (en nuestro idioma, se sobreentiende) todos los días. Me acuerdo de que vivía al lado e iba a la iglesia de la calle Jean-de-Beauvais [una iglesia ortodoxa rumana de París], en busca de libros “religiosos”. De ese modo remonté hasta las mismas fuentes de la lengua. Hoy, al contemplar lo que escribí en aquella época, debo reconocer que mis esfuerzos de antaño no han dado los frutos que esperaba.

1555 (Pág. 186 – 10) (Pág. 187 – 1)

El sufrimiento no conduce necesariamente a la modestia: más bien es al contrario. Porque cuanto más se sufre, más importante se cree uno, incluso aunque el exceso de sufrimiento nos lleve a una sensación de vacío. Esa sensación, además, es perfectamente compatible con el orgullo.

1556 (Pág. 187 – 2)

Aunque posea todos los méritos, un ambicioso no puede ser honesto más que en la superficie. Confiémos únicamente en los indiferentes.

1557 (Pág. 187 – 3)

No conozco en este mundo nada más misterioso que el agua.

1558 (Pág. 187 – 4)

Para mí no hay mayor placer que poder partirle la boca a quien quiera. Es del todo punto malsano eso de refrenar los impulsos que nos exigen la eliminación de aquellos a quienes execramos.

1559 (Pág. 187 – 5)

Acabo de repasar mi “cuaderno” de hace seis años [el de 1957]. ¡Qué desconcierto, cuánta amargura y cuánto veneno! Estoy conmocionado por la gravedad de mi depresión.

1560 (Pág. 187 – 6)

jueves, agosto 21, 2008

Fragmentos del 1521 al 1540

¡Haber sufrido tanto y no ser capaz de decir sobre el dolor más que evidencias!

1521 (Pág. 183 – 8)

8 de octubre . He estado hoy un par de horas en unos grandes almacenes. De repente, escogiendo en los sótanos del Louvre una cuchara de madera, sentí –una revelación bastante frecuente en mi vida- que no pertenezco a este mundo nuestro, que mi sitio no está entre los hombres.

1522 (Pág. 183 – 9)

Se escribe con mucho más ánimo cuando uno conserva sus convicciones que cuando las ha perdido. Estimulan el espíritu al limitarlo; sin ellas, éste se ensancha hasta el extremo de carecer de perfiles. Se idenfica con el todo, pero no tiene nada en nombre de lo que pueda divagar.

1523 (Pág. 183 – 10)

Sólo me animo cuando ataco. Pero, ¿a quien atacar y por qué?

1524 (Pág. 183 – 11)

El espíritu lo cuestiona todo por principio, al cabo de miles de interrogaciones y análisis, con una casi completa apatía práctica, en una situación que el abúlico precisamente conoce de entrada y por instinto. Porque la apatía es una perplejidad congénita.

1525 (Pág. 184 – 1)

Cuando empecé a reflexionar adopté una actitud desengañada y después no la ha abandonado.

1526 (Pág. 184 – 2)

Cuando pienso en las pasiones, en el ardor de mi juventud, celebro haber llegado a esta acritud plana, al penoso vacío en el que vegeto.

1527 (Pág. 184 – 3)

Domingo por la tarde. Paseo por calles que conozco y me pateo... ¡desde hace veinticinco años! Monotonía, desolación, fealdad... Vivir en una ciudad de la que ya nada puede sacarse es un contrasentido y una estupidez. He desgastado París tanto como al mismo tiempo yo me he consumido. Ni por un lado, ni por el otro cabe esperar ya la menor sorpresa ni la menor decepción.

1528 (Pág. 184 – 4)

Todo pensamiento que no esconde alguna aspereza me aburre.

1529 (Pág. 184 – 5)

Racine pedía en su Testamento que se le enterrara en Port-Royal, por mucho que –sostenía- no poseyó las virtudes de los solitarios más que como “estéril admirador” .

1530 (Pág. 184 – 6)

La literatura francesa, una lengua que sobre todo hubiera cobrado un giro muy distinto si Amyot hubiera traducido la Biblia.

1531 (Pág. 184 – 7)

Lo que me lleva a permanecer ajeno a toda religión es mi incapacidad para imaginarme dandole las gracias por su ayuda a cualquiera. Me siento más cercano a la sabiduría pagana que al cristianismo o al brahmanismo.
El éxito actual del taoísmo se debe a que el Tao es algo radicalmente difuso..., a que permite a los occidentales adoptar una creencia religiosa sin tener que comprometerse con sus exigencias.
Como el Dios personal no es una apuesta, nos orientamos de vez en cuando hacia religiones que lo reemplazan bajo un nombre vago, por una entidad cualquiera a la que, se sobreentiende, no hay que rendirle cuentas.

1532 (Pág. 184 – 9)

Yo quiero “salvarme” solo, sin la ayuda de nadie.

1533 (Pág. 184 – 10)

Llevo la desesperación en la sangre..., no como un sentimiento o una actitud, sino como una realidad fisiológica -no me atrevo a llamarla física-. La desesperación es mi fe, mi fé innata.

1534 (Pág. 185 – 1)

Todas las enfermedades son incurables. Incluso el catarro. De todas formas, siemrpe vuelven, tornan a despertar cuando ya las creíamos curadas, porque en el fondo sólo estaban durmiendo.
La salud es una enfermedad adormilada.

1535 (Pág. 185 – 2)

A decir verdad, nadie puede soportar que se haga abstracción de uno, y a poca conciencia que se tenga de los propios méritos, tampoco se tolera la indiferencia de los demás. Pero mientras se dependa de la opinión de los otros, la vida es un infierno.

1536 (Pág. 185 – 3)

Pese a mi horror a las enfermedades y los enfermos, no puedo sin embargo presumir de buena salud con seriedad.

1537 (Pág. 185 – 4)

La única forma como un escritor puede conservar una brizna de su prestigio es dejando de escribir.

1538 (Pág. 185 – 5)

Dante y el Maestro Eckhart, los dos espíritus más profundos y apasionados de la Edad Media.

1539 (Pág. 185 – 6)

Atardecer a lo largo del Viosne, más allá de Pontoise.
Las hojas secas cayendo sobre el agua: una evanescencia simbólica por partida doble.

1540 (Pág. 185 – 7)

miércoles, agosto 13, 2008

Fragmentos del 1501 al 1520

Pensar sus sensaciones es, en cualquier caso, un pensamiento... ¡Cuando no se puede hacer mejor!

1501 (Pág. 181 – 10)

23 de septiembre. A punto de salir hacia España, acabo de coger la gripe. Mi relación con la Enfermedad es decididamente indisoluble. Y ese ataque de rabia contra mí mismo cuando, presa de los escalofríos, en lugar de bañarme, me metí en la cama. Nunca he estado tan cerca de suicidarme por pánico a mis propios males. ¡Si pudiera habitar otro cuerpo! No aguanto el mio, pero es el que tengo. Me engaño con esta obligación por cobardía y por canguelo. Pero cualquier día mi mano se alzará contra mi cuerpo y me liberará al fin.

1502 (Pág. 181 – 11)

Dia 1 de octubre . Toda idea es una exageración. Pensar es exagerar.

1503 (Pág. 181 – 12)

La irreligiosidad no se justifica si no emana de la voluntad de demolir un dios. Si se limita a combatir a la Iglesia o sus fieles, no vale nada.

1504 (Pág. 182 – 1)

Me incluyo entre aquellos que, entre el sistema y el caos, siempre se inclinan hacia el caos.

1505 (Pág. 182 – 2)

Hace años que observo la relación existente entre mi cerebro y mis estados de ánimo. Nada invita tanto a la modestia como constatar cuánto dependen éstos de las averías celulares de aquél.

1506 (Pág. 182 – 3)

X. me escribe que quiere enviarme a un muchacho muy leal, con carácter, etc., para que le dé algunos consejos en materia literaria. Le he respondido que no puedo hacerlo, por la sencilla razón de que no existen esa clase de consejos; pero el verdadero motivo de mi negativa es dudo mucho que ese jóven, sin reproche moral alguno, posea a priori madera de escritor... No son nuestras cualidades, sino nuestros defectos los que prometen....

1507 (Pág. 182 – 4)

Hay que desconfiar de la gente bien, no hay que esperar nada de ellos en el aspecto espiritual. Al talento hay que presuponerle un orígen envenenado, un infierno virtual, una suma de vicios que nunca se ejercen.

1508 (Pág. 182 – 5)

¿Quién podría decapitar mis crísis?

1509 (Pág. 182 – 6)

Hace mucho que no se habla nada de mí; no sabría decir si siento o no alguna pena. He dado clases sobre el olvido.

1510 (Pág. 182 – 7)

Salvo Villon y quizás Rimbaud, los poetas franceses son funcionarios del verso..., quiero decir que no son poetas, sino letrados. No hay nada que preguntarles y tampoco ellos esperan nada.

1511 (Pág. 182 – 8)

La literatura francesa es un discurso sobre la literatura.

1512 (Pág. 182 – 9)

En casi todos los poemas que he leido al cabo de los años de lo único que se habla es... del poema. Una poesía que no tiene otra materia que ella misma se agota deprisa y aburre al lector. ¡Muevase bien al lector!
¡Imagínemos una plegaria cuyo objeto fuera la religión! Creo que fue Guardini quien tituló una selección suya Oraciones teológicas..., lo que no deja de ser una contradicción en sus términos.

1513 (Pág. 182 – 10)

La música remueve todo lo que de impuro hay en mí, y cuanto más “noble”, más aviva mis rencores dormidos y esos odios que habitualmente me avergüenza confesarme incluso a mí mismo.
Gracias especialmente a Bach puedo conocer el alcance y la profundidad de mis pestilencias.

1514 (Pág. 183 – 1)

Toda convicción es un obstáculo para la libertad.

1515 (Pág. 183 – 2)

El hombre libre no se violenta por nada, ni siquiera por honor.

1516 (Pág. 183 – 3)

Este frío que padezco, y no que no es sino el reflejo físico de mis terrores.

1517 (Pág. 183 – 4)

Yo había creído que, con los años, me acostumbraría a mis enfermedades...., y las soporto aún peor que antes. Es porque las conozco demasiado, ya no me sorprenden nada. Al menos es preciso que nuestras enfermedades posean un minimum de imprevisto, a falta del cual ni siquiera merecen ser soportadas.

1518 (Pág. 183 – 5)

Ha hecho ostentación de la suma de sus dudas.

1519 (Pág. 183 – 6)

Mis males no dejan de reclamarme. Gracias a ellos me encuentro en todo momento..., para detestarme, para volcar todas mis rabias contra mí mismo, contra ese yo del que intento en vano disociarme.

1520 (Pág. 183 – 7)

sábado, agosto 02, 2008

Fragmentos del 1481 al 1500

Hacer creer a los demás que uno es un incumplidor, que se está enganchado a un Gran Libro, o bien que ya ha acabado con su obra y ha exprimido todo lo que había que decir..., esa fué la habilidad, mitad inconsciente, mitad premeditada, de Mallarmé. ¡Qué pillería sazonada con la pura verdad esa de alzar en torno suyo una leyenda de esterilidad por exceso de exigencia! En el caso de Mallarmé, la posteridad ha aceptado escrupulosamente el retrato que él trazó sobre sí mismo. No ha cuestionado un solo instante las desproporcionadas imposibilidades que dijo haber encontrado o conocido; hasta tal extremo pertenecen ya al personaje, que lo engrandecen, por mucho que ahora sepamos que él mismo fue el autor de esa desmesura.

1481 (Pág. 179 – 5)

Escribir se ha convertido para mí en un suplicio, un imposible. Las palabras me parecen tan ajenas (a mi esencia) que no llego a tomar contacto con ellas. La ruptura es completa entre nosotros. No tenemos nada que decirnos. Si me sirvo de ellas, si las uso todavía, es para denunciarlas..., y para deplorar el abismo que se ha abierto entre nosotros.

1482 (Pág. 179 – 6)

Memnon Klage um Diotima [“Menón llorando a Diotima”, elegia de Hölderlin]
Cuando todo está perdido, la elegía hace las veces de esperanza.

1483 (Pág. 179 – 7)

Debo escribir un texto sobre la crísis de Tolstoi, durante la cual no abandonaba la idea del suicidio. ¡Qué lástima! Yo he pasado por los mismos tormentos. ¡Miseria entre las miserias! Salgo de casa porque, si me quedo, no estoy seguro de poder vencer algún tipo de resolución repentina.
¿Cómo he podido llegar hasta aquí? Pero así es, la verdad, como más o menos he vivido toda mi vida.

1484 (Pág. 180 – 1)

Toda obra es tributaria de un desconcierto. El escritor es el parásito de sus sufrimientos.

1485 (Pág. 180 – 2)

Es curioso que, con las convicciones que tengo, llegue a sacar placer de mi trabajo (¡cuando trabajo!). Nada como éste para hacernos olvidar lo esencial, es decir, aquello en lo que no necesitamos pensar si queremos emprender cualquier cosa y dejar huella.
El trabajo..., ¡divina obnubilación!
¡Si pudiera olvidar todo lo que se!

1486 (Pág. 180 – 3)


¡Si pudiera triunfar sobre mi indignación y mi rencor de los hombres! ¡Si pudiera levantarme con el desprecio!

1487 (Pág. 180 – 4)

La razón por la cual nadie ve sus defectos –y sobre todo el escritor- es la siguiente : cuando se escribe, incluso sobre cosas insustanciales, se encuentra uno preso de una fuerte excitación que fácilmente se confunde con la inspiración. Incluso para redactar una carta hace falta un mínimum de “calor”, en todo caso abandonar la indiferencia, una pizquilla de ritmo. Como nada se hace en frío, desde el momento en que llevamos a cabo cualquier cosa, nos creemos..., con talento. Nadie llega a persuadirse del vacio de lo que hace. Toda tipo de “creación” exige la participación de nuestro ser..., y no podemos concebir que algo que haya emanado de nosotros no valga absolutamente nada.

1488 (Pág. 180 – 5)

29 de agosto. A la una de la madrugada. No puedo dormir. Me duelen mis nervios contraídos. Siempre ese hormigueo [en las piernas]. Es para volverse loco. La enfermedad vela noche y día. Todo duerme, todo está en reposo..., salvo ella.

1489 (Pág. 180 – 6)

¡Si escribir una tragedia fuese tan cómodo como vivirla!

1490 (Pág. 180 – 7)

Una enfermedad especialmente terrible podría ser soportable, a condición de no ponerle un nombre.

1491 (Pág. 180 – 8)

No soy feliz más que cuando he encontrado una “formula”.

1492 (Pág. 181 – 1)

Esa mujer que vive en una soledad total, ¿qué ha ganado con ello? ¿qué la ha movido a retirarse? Nada, porque en lo que escribe imita el estilo de X que, como sabemos, vive en el mundo.

1493 (Pág. 181 – 2)

Cuando leemos una historia de las creencias, o simplemente una historia de la Iglésia, no se puede pensar sin indulgencia en los sarcarmos de Voltaire. Aunque también el mismo Voltaire era un fanático, a su manera.

1494 (Pág. 181 – 3)

Con toda certeza, si quiere estar seguro de no volver a caerse, es mejor quedarse en los alrededores del escepticismo.

1495 (Pág. 181 – 4)

Me las pinto solo para rumiar los pesares y los rencores, para hartarme de mi propia bilis e idiotizarme en el hastío.

1496 (Pág. 181 – 5)

No creo que tenga un solo organo en condiciones.

1497 (Pág. 181 – 6)

2 de septiembre. Ya está París repoblándose otra vez, vean cómo las ratas vuelven al barco.

1498 (Pág. 181 – 7)

Todos esos días en que mi cabeza no responde a mis llamadas.

1499 (Pág. 181 – 8)

Escribo un texto sobre el miedo a la muerte en Tolstoi y, como de costumbre, pienso más en mí que en el autor del que debo hablar.

1500 (Pág. 181 – 9)

Fragmentos del 1461 al 1480

Eschyle ha muerto en Gela, en Sicilia...; no sé qué aspecto tendría ese pueblo en la Antigüedad, pero en cambio ahora sí se que es el más horrible que haya visto nunca. Por su culpa me fue imposible ir a Agrigento, porque cuando iba hacia allí perdí el trasbordo y tuve que pasar la noche en Gela. Me pareció algo inconcebible.

1461 (Pág. 176 – 10) (Pág. 177 – 1)

¡Ahí tenemos los años que he estado constantemente por debajo de mí mismo!

1462 (Pág. 177 – 2)


Para secreto el de los escritores que han escrito poco.
O mejor...,
El privilegio del secreto, disfrute exclusivo de los escritores que no han escrito casi nada.

1463 (Pág. 177 – 3)

En toda originalidad, incluso la real, hay una parte de afectación.

1464 (Pág. 177 – 4)

X, que debe tener la edad de los patriarcas (seguramente más de ochenta años) me dijo, después de haber estado dos horas poniendo a escurrir a todo el mundo : “Yo no odio a nadie. Esta es la gran debilidad de mi vida”.

1465 (Pág. 177 – 5)

Si la muerte es horrible, también es y sin duda ninguna inconcebible, de ahí que al cabo de cierto tiempo consideremos feliz a cualquiera de nuestros amigos que ha dejado de vivir.

1466 (Pág. 177 – 6)

La manía española de abrir los ataudes explica más de una laguna de la historia de España. El esqueleto no es una buena puerta de entrada al mundo moderno.

1467 (Pág. 177 – 7)

No se dónde he leido estas acertadas palabras sobre Mallarmé: “Poseía la pasión de lo exquisito”.

1468 (Pág. 177 – 8)

“Soy un cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz” (Keats, a Fanny Brawne).

1469 (Pág. 177 – 9)

Se ha calculado en cuatro millones de años la edad de la tierra. Y pensaba esta mañana cómo sobrellevar el peso vertiginoso de otro día más a soportar.

1470 (Pág. 177 – 10)

Vuelvo a ver Munich después de veintiocho años. Durante todo este timpo no he hecho otra cosa que recordarla y embellecerla; en mi imaginación había adquirido las trazas de un paraíso perdido. Decepción total. Los estragos de los bombardeos tienen en parte la culpa. La ciudad está estropeada, es cierto..., a duras penas la he reconocido. Y sin embargo, no puedo evitar haber considerado un error la espaciada nostalgia, tan perdurable, que por ella he sentido.

1471 (Pág. 177 – 11) (Pág. 178 – 1)

Hasta hoy sólo he tenido coraje para una cosa : para no matarme.

1472 (Pág. 178 – 2)

El ser no es mi elemento. Todos mis desgracias vienen de ahí.

1473 (Pág. 178 – 3)

He tomado la decisión de no volver a montar en cólera, de soportar cualquier tipo de vejación y de no replicar más que a las injurias sutiles. Que es tanto como decir nunca.

1474 (Pág. 178 – 4)

Durante tres meses no ha fumado un sólo cigarrillo. Los dolores de garganta, el asco, ese olor aspero en la boca..., todo éso me amparaba. Estaba convencido de que esta vez sería la definitiva, que no recaería nunca más en un viejo y para mí funesto vicio que me ha estropeado el estómago para el resto de la vida. Y he aquí que hoy he estado a punto. ¡Vegüenza, vergüenza, vergüenza! La estúpida creencia de que no puedo trabajar sin estar intoxicado por el tabaco me ha hecho flaquear. Por lo tanto, me he prometido a mí mismo que, aunque deba renunciar al trabajo, no volveré a retomar tan miserable hábito. ¿De qué sirve escribir si sólo puedo hacerlo bajo los efectos de un excitante? Además el tabaco ni siquiera es éso : por el contrario, es un embrutecedor. Meses y meses sin hacer nada, y ahora que debo escribir un trabajo de encargo, me encuentro precisamente desamparado y furioso.

1475 (Pág. 178 – 5)

Debo escribir un artículo sobre Tolstoi, más bien un prefacio, y me doy cuenta de que me resulta casi imposible. Hace falta un mínimo de objetividad para poder hablar de alguien que no sea uno. Y yo ya no puedo ser objetivo con nadie : sólo puedo hablar de mí mismo. Ser objetivo no es ser imparcial, es tratar al otro como objeto..., igual que hacen los críticos. Y yo no soy capaz : trato al otro como si éste fuese yo mismo. ¿Y entonces por qué escribir un estudio o un prefacio? ¿Por qué mentir? El grado de subjetividad que he alcanzado me imposibilita incluso para la elemental mentira de exponer los datos de un problema o, en este caso, de un retrato.
Y sin embargo, tengo que hacerlo, tengo que hacerlo...

[Ciorán publicará el prefacio a La muerte de Ivan Ilitch de Tolstoi en la colección Cheminements de la Editorial Plon, que dirigió brevemente]

1476 (Pág. 178 – 6)

Siento horror por las obligaciones, sin embargo todo mi mal humor se debe al hecho de que escamoteo las mías. No se falta al propio deber impunemente, ni se abandona un proyecto tras otro sin sufrir ciertas lamentables consecuencias. Mi morosidad no es en el fondo más que la suma de esos abandonos : por medio de ella se vengan de mí todos esos proyectos que no quieren morir.

1477 (Pág. 179 – 1)

A los veinte años estuve a dos dedos del suicidio; después eso cambió..., y no porque durante treinta largos años no haya dejado de seguir planeandolo y al mismo tiempo de soñar con ello seriamente, sino porque, al fin y a la postre, un no-se-qué indefinido me ha convencido de que soy incapaz de cometerlo. Tengo miedo de que ese algo, esa “voz”, no se haya callado del todo todavía; al menos, desde hace algún tiempo, la escucho cada vez menos.

1478 (Pág. 179 – 2)

Me he comprometido ya tanto con la vida que no haría falta nada para que se me transmutara en Dios.

1479 (Pág. 179 – 3)

Mi pasión por el atajo me impide escribir, porque escribir es desarrollar.

1480 (Pág. 179 – 4)

sábado, julio 26, 2008

Fragmentos del 1441 al 1460

Esta mañana, en una estación de metro, un ciego -éste sí de verdad, estoy seguro-, extendía la mano..., y había en su actitud, en su rigidez, algo que helaba, que cortaba la respiración. Nos contagiaba su ceguera.

1441 (Pág. 175 – 1)

¡Potencias del Cielo, ayudadme a no disolverme, impedid que desaparezca ante mis propios ojos, evitad que asista como espectador a mi propia ruina y que, por contra, pueda combatirla o, al menos, asumirla por entero, que me precipite en ella sin arrepentimiento!

1442 (Pág. 175 – 2)

Ya he señalado que la “inspiración” no me viene más que cuando debo ir a una cita... Siempre tengo la sensación de estar desperdiciando la ocasión de convertirme en un genio.

1443 (Pág. 175 – 3)

El sabio no escribe cartas.

1444 (Pág. 175 – 4)

Primera condición de una sociedad perfecta : poder matar a todos a quienes se detesta.

1445 (Pág. 175 – 5)

Toda prosa de acento mallarmeano es ilegible..., al cabo de las tres frases.

1446 (Pág. 175 – 6)

Lo más hermoso de los grandes ambiciosos es que llevan a cabo casi siempre lo contrario de lo que pretenden.

1447 (Pág. 175 – 7)

Se suele ser bastante más franco en una conversación que en un libro. Y por ello es infinitamente más importante tratar a un escritor que leerlo.

1448 (Pág. 175 – 8)

Cuando se sufre el horror de sufrir representa un plus de sufrimiento (o un sufrimiento de más).

1449 (Pág. 175 – 9)

Lo más difícil del mundo es hablar de uno sin exasperar al prójimo. Una confesión sólo es tolerable cuando el autor se disfraza de pobre diablo.

1450 (Pág. 175 – 10)

Nadie nos perdona haber sido sincero de frente..., o mejor: de haber osado ser sincero de frente.
Decir la verdad a la cara es una indelicadeza, algo así como arrogarse una superioridad sobre él.
“Nada os autoriza a ser sincero conmigo”...
“¿Con qué derecho me tira Vd. la verdad a la cara?”

1451 (Pág. 175 – 11)

... ése santo cuyo ángel trabaja la tierra, a fin de que no tenga que suspender su oración.

1452 (Pág. 176 – 1)

Todo el secreto de la vida consiste en dedicarse a las ilusiones sin saber que lo son. En cuanto que las conocemos como tales, el encanto está roto.

1453 (Pág. 176 – 2)

Un hombre llamado a creer o simplemente a cualquier cosa que se le diga, no se pregunta todo el tiempo acerca de sus facultades, de su naturaleza o sus límites. Se lanza.

1454 (Pág. 176 – 3)

Despellejarse de sus ilusiones, de tanto atentar contra su propio ser.

1455 (Pág. 176 – 4)

16 de agosto. Regreso de Austria (Zell am See et la Salzkammergut) [Nombres de dos regiones austríacas]. Unterach am Attersee.

1456 (Pág. 176 – 5)

Desde hace dos semanas no escribo una sola línea. Por lo demás, si me digo todavía “escritor” es por impostura y por necesidad de dotarme de una “profesión”.

1457 (Pág. 176 – 6)

Durante las vacaciones he estado en Thumersbach, cerca de Zell am See. Una noche me levanté sobresaltado, hacia las 4 de la madrugada, con la sensación..., con la certeza de que había despertado para siempre, y de que en adelante no volvería a tener sitio en el mundo de los sueños.

1458 (Pág. 176 – 7)

17 de agosto de 1963. He dejado de fumar hace más de dos meses, sin sufrimiento alguno y sin sentir el menor deseo de reincidir. Pero desde ayer esa buena disposición ha cesado y lucho desesperadamente por no reanudar un hábito que me resulta funesto (el estómago, la garganta..., ay, destrozados por culpa del tabaco). Me había jurado a mí mismo no volver a fumar nunca más. Y heme aquí ahora a punto de recaer. ¡Qué penosa agonía!

1459 (Pág. 176 – 8)

Siento la más grande indulgencia y conmiseración por los alcoholicos, los drogadictos y los ansiosos. Los vicios emanan de nuestras profundidades..., son nosotros mismos. No sabríamos combatirlos sin destruirnos.

1460 (Pág. 176 – 9)

miércoles, julio 09, 2008

Fragmentos del 1421 al 1440

Ayer, en un cocktail, estuve entretenido con un gran cardiólogo, antiguo profesor de la facultad de medicina, aunque se hubiera dicho un notario de provincias o un tendero parisino. Se sorprendía por todo lo que le contaba; me dejó la impresión de que lo ignoraba todo acerca de la vida. ¡Sin embargo, la de enfermedades angustiosas y desesperadas que habrá podido atender! Y puede que lo haya hecho, pero desde luego no ha reflexionado en ningún momento sobre su dramatismo. Todo esto es banal y espantoso.

1421 (Pág. 172 – 7)

X. acaba de ser golpeado por un éxito del que no se recuperará nunca.

1422 (Pág. 172 – 8)

Tres horas en la sala de espera de una clínica. ¿Qué es lo que empuja a venir a todos estos hombres y mujeres a este palacio-matadero? El miedo a la muerte. Me he quedado con las ganas de decirle a una vieja estrafalaria que, a su edad, no le favorecía nada lo de tener miedo a morir.

1423 (Pág. 172 – 9)

Cuando estás sumido en la inquietud lo mejor es mezclarse con la muchedumbre, observar sus rostros, hacer sobre ellos conjeturas indiferentes o descabelladas, ganar tiempo sobre lo que realmente te importa.

1424 (Pág. 173 – 1)

9 de julio de 1963.
Todo el mundo me plantea la misma cuestión: “¿Cuando se marcha Vd.?”. No se qué responder, porque soy incapaz de tomar una decisión que vaya más allá del día de mañana. Vean a dónde me ha conducido la sensación demasiado diáfana de mi precariedad y de todo lo relacionado.

1425 (Pág. 173 – 2)

Debo escribir un texto sobre “Tolstoi y la obsesión de la muerte”. Pero no tengo necesidad del drama de otros, con el mío me sobra.

1426 (Pág. 173 – 3)

Sentimos con respecto a todo hombre más conocido, mucho más conocido que nosotros, una mezcla de envidia y conmiseración. Sabemos que, al mismo tiempo que ha obtenido lo que nosotros deseamos, está perdido..., precisamente gracias a su éxito. Y cuando más conocido, menos ha preservado su soledad, menos le pertenece. Salvo que se haya sido fiel al propio ser –y eso no se logra más que con el aislamiento y el anonimato- no se concibe no sólo el orgullo, sino cualquier cosa más elevada, que nos permita contemplar con piedad a cualquiera que se haya hecho merecedor de la aprobación de los hombres.

1427 (Pág. 173 – 4)

Noche espantosa. Siento, desde hace treinta años y cada vez que cambia el tiempo, un hormigueo en las piernas..., aunque sería mejor decir todos los días. Yo he nacido para una vída relajada, y no para este interminable martirio.

1428 (Pág. 173 – 5)

En la Roma declinante no se apreciaba más que una cosa: el reposo griego, otium graecum, que anteriormente tanto habían despreciado.

1429 (Pág. 173 – 6)

La mayoría de las veces para consolar a quienes están de luto se invocan lugares comunes: todo el mundo muere, tanto los pequeños como los grandes, los grandes imperios igual que el resto..., porque, como se ha hecho notar, fuera de esas banalidades no hay nada que sirva de consuelo.

1430 (Pág. 173 – 7)

Toda afirmación supone un grado de instinto que no siempre se tiene, que algunos incluso no tienen nunca.
14 de julio de 1963.

1431 (Pág. 173 – 8)

El miedo al hastío me paraliza y compromete mis proyectos y mis actividades. Es una auténtica enfermedad que no sé cómo curar y que me humilla y me degrada ante mis propios ojos. Con más de cincuenta años y estar todavía así...

1432 (Pág. 174 – 1)

Estos americanos, decididamente, nunca entenderán nada de la desolación que oculta toda vida, y del respeto con que hay que distanciarse de la propia. Como yo respondia con un tono cansino a uno que me invitaba a ir a América: It is too late, él se sobresaltó: Never too late. Su respuesta fué una reflexión. Además, ¿cuánta gente comprende que para todo siempre es demasiado tarde? Todo es siempre demasiado tarde, debería formar parte de mi blasón.

1433 (Pág. 174 – 2)

En un libro sólo me gusta por lo turbio, por el veneno que vierte en mí.

1434 (Pág. 174 – 3)

Todos los que siguen el sentido de la vida poseen una capacidad infinita para el olvido; del mismo modo aquellos que no pueden olvidar, los ansiosos, los elegíacos, se deslizan forzosamente del lado de la muerte.

1435 (Pág. 174 – 4)

“Who has not found the heaven below
Will fail of it above”
(E. Dickinson)

[“Quien no ha encontrado el cielo aquí abajo
no lo encontrará allá en lo alto”]

[Poema 1544 de E. Dickinson, Escarmouches]

El cielo es la recompensa de los que ya lo encontraron aquí abajo.

1436 (Pág. 174 – 5)

Sueño con un sistema filosófico formulado a base de atajos a lo Emily Dickinson.

1437 (Pág. 174 – 6)

No tengo nada que enseñar, soy el anti-especialista por excelencia.

1438 (Pág. 174 – 7)

X, octogenario, me habla de su muerte como de un suceso lejano y de todo punto improbable. Cuando se alcanza una edad tan avanzada, se tiene la costumbre de la vida.

1439 (Pág. 174 – 8)

Mi asco ante la humanidad me impide razonar. Es una exasperación perpetua. No puedo soportar la proximidad del hombre.

1440 (Pág. 174 – 9)

jueves, junio 26, 2008

Fragmentos del 1401 al 1420

Una forma eficaz de escamotear las penas : empollarse el diccionario de una lengua desconocida, y buscar especialmente las palabras que sabemos de cierto que nunca vamos a utilizar. El embrutecimiento es un antídoto para todos los males del alma.

1401 (Pág. 170 – 12)

Cuando se está predestinado a la Nostalgia todo lo que no contribuya a ella apenas cuenta.

1402 (Pág. 171 – 1)

¡Qué paradoja la de atormentarse en francés, sufrir en una lengua de gramático, en el idioma menos delirante que existe! ¡Sollozos geométricos!

1403 (Pág. 171 – 2)

Yo he criticado el apetito de gloria. Pero si en este sentido estoy exento, ¿tengo derecho a darme aires de superioridad y a mirarlo con asquito?

1404 (Pág. 171 – 3)

El temor a aburrirme me impide concebir el menor proyecto. Yo encuentro la Vida por todas partes, porque Él lo es todo.

1405 (Pág. 171 – 4)

Es raro contemplar hasta qué punto el tono de una voz o una palabra imprudente puede suscitar en nosotros tal angustia que nos las vemos y deseamos para poder dormir.

1406 (Pág. 171 – 5)

Con nuestra palidez demostramos cuán poco pertenecemos a este mundo.

1407 (Pág. 171 – 6)

El refugio de la irreflexión.

1408 (Pág. 171 – 7)

La poesía y el egoísmo del viento...

1409 (Pág. 171 – 8)

La causa de la esterilidad : el repliegue del pensamiento sobre sí mismo.

1410 (Pág. 171 – 9)

Es “civilizado” cualquiera que consigua disimular sus estados de ánimo y, sobre todo, sus penas.

1411 (Pág. 171 – 10)

Es evidente que aquí abajo no me encuentro en mi elemento.

1412 (Pág. 171 – 11)

Esas noches en que hacemos un recorrido por todas nuestras pesadillas y surgen miles de recuerdos enquistados hace mucho tiempo en los bajos fondos del cerebro.

1413 (Pág. 171 – 12)

Es imposible no sentir un cierto desprecio por esos escritores que han ejercido sobre los demás una influencia desproporcionada con respecto a sus verdaderos méritos. Jean-Jacques [Rousseau], por ejemplo.

1414 (Pág. 171 – 13)

Domingo, 21 de junio de 1963.
En la calle, he comprendido que dos sentimientos contradictorios o más bien sucesivos podrían muy bien nacer al mismo tiempo y coexistir: la angustia y el hastío. Por lo que se refiere a la mezcla, no me siento capaz de describir lo que de ahí resulte.

1415 (Pág. 171 – 14) (Pág. 172 – 1)

No quiero nada, nada, nada, nada... ¡Señor!

1416 (Pág. 172 – 2)

Otra vez vuelve desde mi interior esa música zíngara y, con ella, las mil nostalgias que me devoran. Europa Central me ha marcado para siempre. Nunca se elude el espacio natal, ni los primeros recuerdos.

1417 (Pág. 172 – 3)

Las enfermedades existen para recordarnos que nuestro contrato con la vida puede ser rescindido en cualquier momento.

1418 (Pág. 172 – 4)

Ví el otro día Morir en Madrid, la película sobre la guerra civil hecha con fragmentos y comentarios. ¡Qué espectáculo insensato y, lo que es más grave, qué gratuito todo ese despliegue de crueldad, de rabia por los dos lados, de ejecuciones sumarias...! Ahí todo parecía concebido para divertir al diablo. ¡Y todavía! Si se viera en una pantalla el desfile de las naciones, es decir un simulacro de la historia universal, ¿no sentiríamos acaso la misma impresión de inutilidad, de demencia vana y lamentable?

1419 (Pág. 172 – 5)

Las crisis de desesperación pasan; pero el fondo del cual emanan siempre subsiste y nada puede sacarse de él. Es inatacable e inalterable. Es nuestro fatum.

1420 (Pág. 172 – 6)

sábado, mayo 24, 2008

Fragmentos del 1381 al 1400

¡La decadencia de tanta gente notable en torno a nosotros! Sobreviven porque todo espíritu que cuenta se sobrevive a partir de cierto momento. Cuando se admira a alguien apasionadamente habría que hacerle el favor de asesinarle.

1381 (Pág. 169 – 3)

Las mujeres sobresalen en el arte de exagerar sus penas.

1382 (Pág. 169 – 4)

No existe la pena límite.

1383 (Pág. 169 – 5)

Quisiera retirarme a cualquier parte y escribir una larga meditación sobre la plegaria, que yo entiendo como el drama de no poder rezar.

1384 (Pág. 169 – 6)

Se dice en el Zohar : “Todos los que hacen el mal en este mundo han comenzado ya en el cielo a alejarse de lo Santo, cuyo nombre es bendito; se han acercado a la entrada del abismo y se han adelantado al tiempo en que debían descender sobre la tierra. Tales fueron las almas antes de nacer entre nosotros” (en Franck, La Kabbala, p. 183).

1385 (Pág. 169 – 7)

Sólo hay alegría en la inocencia, allí donde el hombre es particularmente incapaz y está perdido para siempre.

1386 (Pág. 169 – 8)

Por fuerte que sea nuestro deseo de anonimato, no nos gusta sin embargo que se deje de hablar de nosotros del todo. Anhelamos un olvido perfecto, pero si realmente nos lo otorgaran, a duras penas nos acomodaríamos a él.

1387 (Pág. 169 – 9)

Sería ridículo considerar como tiempo perdido todos esos siglos durante los cuales el hombre se ha esforzado por encontrar una definición de Dios.

1388 (Pág. 169 – 10)

Sólo los espíritus obtusos están provistos de voluntad.
O mejor:
La voluntad es patrimonio de los espíritus obtutos.
No puedo imaginar un animal idiota.
Ha pasado la edad en que se mata.

1389 (Pág. 169 – 11)

Leo la autobiografía de Ignacio de Loyola. El personaje es tan extraordinario que entran ganas de hacerse jesuíta.

1390 (Pág. 170 – 1)

Devenir modesto por fatiga, por falta de curiosidad...

1391 (Pág. 170 – 2)

Cuando el alma está enferma es difícil que la cabeza esté intacta.

1392 (Pág. 170 – 3)

Los demás, muy afortundamente, ignoran lo bien y lo mal que pensamos de nosotros.

1393 (Pág. 170 – 4)

Mi cobardía ante la vida es congénita : siempre he sentido auténtico pavor a todo tipo de responsabilidad, fuese la que fuese..., un horror instintivo hacia todo lo que no me incumbe directamente. Lo contrario de un “jefe”. Y si, de joven, me sentía celoso de Dios, ¿no sería porque Dios, al estar por encima de todo, se me pintaba como la Irresponsabilidad en toda su pureza?

1394 (Pág. 170 – 5)

Mientras haya un dios puesto en pie, la mancha del hombre no habrá desaparecido.
Misión maldita.

1395 (Pág. 170 – 6)

Se dirá lo que se quiera, pero es imposible vivir sin ninguna esperanza. Todos conservamos siempre una, a nuestras espaldas, y esa esperanza inconsciente compensa todas aquellas otras que hemos rechazado o perdido.

1396 (Pág. 170 – 7)

Siempre se paga por todo esfuerzo realizado. Sólo quienes se abstienen no pagan por nada.

1397 (Pág. 170 – 8)

22 de junio de 1963.
Llevo prácticamente seis semanas sin fumar un solo cigarrillo ni leer la prensa. Una cura de desintoxicación más eficaz que la estancia en un convento.

1398 (Pág. 170 – 9)

Un domingo espléndido..., y yo sumergido en pensamientos fúnebres.

1399 (Pág. 170 – 10)

Existir se agota en el placer de no pensar en nada. Ser un objeto que contempla : así de simple.

1400 (Pág. 170 – 11)

domingo, mayo 11, 2008

Fragmentos del 1361 al 1380

En cuanto que buscamos el sentido de la vida más allá de ella misma, adquiere al instante otro carácter. Esta búsqueda, por sí misma, es de índole religiosa, incluso aunque la emprendamos sin ninguna segunda intención teológica.

1361 (Pág. 167 – 1)

Me acuerdo de repente de la tortuosa pasión que sentí en el Liceo por una muchacha cualquiera de la burguesía de Sibiu. Se llamaba Cella. Durante dos años pensé a cada instante en ella, sin haberla hablado una sóla vez. Esa timidez adolescente jugó en mi desarrollo posterior un papel determinante. ¡Sufrimientos útiles quizá, locura sin nombre! Recuerdo una tarde de domingo en el bosque cercano a Sibiu. Estaba con mi hermano, leyendo a Shakespeare (¿cuál de sus obras...?, no me acuerdo). De pronto, veo a Cella pasar en compañía de uno de mis compañeros de clase, el más despreciable y el más detestado de todos. A más de treinta y cinco años de distancia, todavía puedo recordar el suplicio y la vergüenza que entonces sentí.
Le llamábamos el Piojo.

1362 (Pág. 167 – 2)

¿Pero qué es lo que me motiva realmente? Quiero la gloria..., sin moverme, sin tener que manifestarme en modo alguno. Una gloria que descendiera sobre mí como un milagro.

1363 (Pág. 167 – 3)

Me hubiera gustado pertenecer a un pueblo triste o, al menos, a uno de los que poseen una música lánguida o desgarradora: el fado, el tango, los lamentos árabes, húngaros...

1364 (Pág. 167 – 4)

Vivimos en la medida en que concedemos una importancia desproporcionada a todos los actos de nuestra vida; en el momento en que percibimos el valor exacto de nuestros actos seguimos viviendo, pero hemos dejado de estar vivos.

1365 (Pág. 167 – 5)

“En los vicios ardientes descubrimos esa otra cara oculta de la luna que nunca mira hacia nosotros” (Rozanov).

1366 (Pág. 167 – 6)

Escribir un artículo sobre los libros de consuelo. Y otro sobre... la cólera.

1367 (Pág. 167 – 7)

A veces soy presa de una pasión repentina y mórbida por la música.

1368 (Pág. 167 – 8)

Leo en un libro sobre Daniel Defoe : “Entre otras cosas mercero, panfletario, agente del fisco, controlador de loterias, sereno, consejero secreto del rey, periodista, soplón de la policía -lo que le llevó a la picota-, dos veces caído en bancarrota, otras tres veces en prisión, a la postre inventó un tipo de estafa muy original: la novela moderna”.

1369 (Pág. 167 – 9) (Pág. 168 – 1)

Para aquellos que viven en una desolación crónica, la pena más nimia adquiere proporciones desmesuradas. Pero, ¿qué sucede cuando la pena realmente es desmesurada?

1370 (Pág. 168 – 2)

Todas las veces que hago un gesto en flagrante contradicción con mis ideas, primeramente siento una ligera voluptiosidad, después viene el disgusto.

1371 (Pág. 168 – 3)

No mejoramos al envejecer, únicamente aprendemos a camuflar nuestras vergüenzas.

1372 (Pág. 168 – 4)

¡Es extraño lo de perseverar en escribir cuando no se milita en nada, ni se asume misión alguna y no se conservan más que retazos de convicciones y creencias!

1373 (Pág. 168 – 5)

He nacido para dar consejos de sabio..., y para reaccionar como un loco.

1374 (Pág. 168 – 6)

“Vivir y morir desconocido”..., esta conclusión a la que llegó Voltaire, el hombre más célebre de su época, dice mucho sobre la esencia de la gloria.
Pero un hombre que ha sido conocido nunca podrá resisgnarse a no serlo : para sustraerse al veneno de la gloria es precisa una auténtica mutación..., un milagro, ni más, ni menos.

1375 (Pág. 168 – 7)

En el momento en que alguien me habla de las élites sé que me encuentro en presencia de un cretino.

1376 (Pág. 168 – 8)

Como remedio frente a la “vanagloria”, Ignacio de Loyola propone devolverle a Dios todo el bien que se haya hecho, y dejarle así el mérito en exclusiva. ¿Pero que hará el no-creyente, sobre quién se desprenderá de sus ventajas?

1377 (Pág. 168 – 9)

En mi feliz infancia he conocído crísis de soledad y de melancolía cuyo recuerdo, perdido desde hacía mucho tiempo, se anima de golpe y revive a medida que voy madurando y conozco esos momentos en que los años desaparecen de repente y, en su lugar, surge la tristeza de mis comienzos.

1378 (Pág. 168 – 10)

¡Si se pudiera describir con detalle como se produce en el alma la separación con Dios!

1379 (Pág. 169 – 1)

¡No puedo más, no puedo más!

1380 (Pág. 169 – 2)

domingo, abril 27, 2008

Fragmentos del 1341 al 1360

.
Contar nuestras penas o simplemente nuestros fastidios a cualquiera, incluso a un amigo, es una crueldad, algo digno de un verdugo. Hay que ser de un temple excepcional para dejarse devorar por el dolor..., en silencio.

1341 (Pág. 164 – 12)

Para los débiles, el escepticismo es una ayuda eficaz : les permite guardar una cierta distancia de sus desfallecimientos o sus sufrimientos. Les vuelve más fuertes..., por la indolencia.

1342 (Pág. 165 – 1)

He admirado lo gigantesco hecho por lo exiguo, lo minusvalido. Eso es lo que me ha atraído de los problemas e incluso de las desgracias cuyas consecuencias no han sido enteramente “agotadas”.

1343 (Pág. 165 – 2)

En cuanto que no se acepta lo irreparable, se vuelve a caer en la obsesión del suicidio.

1344 (Pág. 165 – 3)

Los sufrimientos no siempre irritan: pueden incluso volverte generoso. ¿A santo de qué infligir un dolor a los demás, cuando uno mismo sufre por varios?

1345 (Pág. 165 – 4)

Nada importa sino aquello que emana del sufrimiento y lo sobrepasa. Lo que sucumbe a él no se repara espiritualmente.

1346 (Pág. 165 – 5)

El ser gracias al cual has conocido la felicidad es el que te hará conocer la desgracia.
Bendito sea por los dioses aquel hombre que no se encariñe con nadie.

1347 (Pág. 165 – 6)

Los sufrimientos de alguien al que se ama son moralmente más intolerables que los suyos propios.

1348 (Pág. 165 – 7)

Para ser escritor no es suficiente con tener talento, además hay que ser capaz de no olvidar nada. El escritor supremo es hombre de rencores.

1349 (Pág. 165 – 8)

Esta mañana (4 de junio), al ver en el escaparate de una librería un libro titulado La importancia de vivir, me ha entrado un malestar que me ha costado dominar. Mis relaciones con la vida se han vuelto improbables hasta un extremo que cuesta imaginarse. Chapoteo en lo problemático, no..., me ahogo en él.

1350 (Pág. 165 – 9)

Desde que tengo memoria, he apoyado las causas perdidas, quiero decir, las que se refieren al ser. ¡Qué secreta complicidad con el fracaso, con todo mi entusiasmo! Es normal que haya soportado la tragedia de mi país, pero no tanto lo de haber compartido las de los demás. ¿A qué viene llorar por la suerte de tanto país? ¿Para qué vertir lágrimas sobre Hécuba?

1351 (Pág. 165 – 10)

Si queréis que se hable de vosotros, abusad de la alteración del lenguaje, convertíos en un torturador del lenguaje (a lo Joyce).

1352 (Pág. 166 – 1)

Habría que introducir la pena de muerte para la gente impuntual. No todo el mundo, es cierto, se angustia por eso, porque la impuntualidad es propia angustiados. Por llegar a la hora yo sería capaz de cometer un crimen. Aunque se trate de un genio, quien no llega puntual a una cita para mí queda “liquidado”. Nunca emprenderé nada con él.

1353 (Pág. 166 – 2)

Esos momentos de relajación en que a menudo sentimos un bienestar en plena calle o en cualquier sitio, y que decimos que si estuviésemos solos y pudiéramos escribir, la de maravillas que saldrían...

1354 (Pág. 166 – 3)

Cuando dejemos la mente a su aire, ésta se complace en la anécdota y la insignificancia.

1355 (Pág. 166 – 4)

Ayer por la tarde (8 de junio), un espectáculo lamentable. X, borracho, repitiendo sin cesar: “Odio a los franceses, odio a los franceses”..., sin dudar por un instante que ellos eran los culpables de su fracaso y su decadencia. Para “regenerarse” debería mirarse a sí mismo. Pero eso es, precisamente, lo que ningún fracasado puede hacer. El espectáculo de la muerte es infinitamente menos desgarrador (y menos instructivo) que el de la decadencia.

1356 (Pág. 166 – 5)

Quien tiene miedo a convertirse en un mendigo es mucho más desgraciado que un mendigo (admitiendo que lo sea). Un mendigo ha alcanzado el límite; socialmente, no puede caer más bajo; en cierto sentido, por tanto, ya ha resuelto todos sus problemas. Se encuentra clavado en su suerte..., o mejor dicho, su suerte ya se ha clavado.

1357 (Pág. 166 – 6)

Esta mañana (10 de junio), momentos antes de levantarme, a punto de terminar con una pesadilla, he soñado que me encontraba al borde del precipio original, en plena elaboración del caos.

1358 (Pág. 166 – 7)

Obsesión de hombre inicial, me parecía a Adan, volviendome a todo lo que he escrito desde hace años. El hombre final también ocupa mis pensamientos, aunque menos que el otro. Todo se debe al hecho de que no estoy a gusto en la historia, a que sólo me encuentro bien fuera de ella, en sus extremos.

1359 (Pág. 166 – 8)

Todas mis ideas han surgido de pretextos mezquinos, de cóleras de las cuales debería avergonzarme; muy pocas tienen un orígen “puro”.

1360 (Pág. 166 – 9)
.

sábado, abril 19, 2008

Fragmentos del 1321 al 1340

Por haber querido convertirse en un santo, ya que nada en su naturaleza le empujaba a ello, Tolstoi debió desembocar en la tristeza, el asco y el horror.

1321 (Pág. 163 – 2)

Sólo puede amarse a aquellos que son destruídos por haber apuntado demasiado alto. “Conócete a tí mismo” es una máxima esterilizante. Cuando uno se conoce, no corre ya ningún riesgo, se rehúsa a tener un destino.

1322 (Pág. 163 – 3)

El menor constipado que pillo degenera en sinusitis, con dolores de cabeza y una sensación casi ininterrumpida de idiotez. ¡Vaya un calvario de vida! Pero nadie quiere creerme, porque, a pesar de todo, tengo un aspecto saludable. Sin embargo tres o cuatro meses al año me los paso sin escribir, dedicado en exclusiva a mis enfermedades. No puedo forzar la “válvula” cerebral, no estoy preparado para esa pesadez que me deja durante tanto tiempo inutilizable.

1323 (Pág. 163 – 4)

Quitadle al hombre la facultad, o mejor dicho, la voluptuosidad de quejarse y le habréis arrancado todos sus recursos, le habréis arrojado a la desolación más absoluta.

1324 (Pág. 163 – 5)

Si Bach consigue que no necesite para nada a los demás músicos, no veo al escritor que logre lo mismo con el resto de sus colegas..., ni siquiera Shakespeare. Se cansa uno de las palabras, sean éstas de Macbeth o de Lear; pero nunca de los sonidos, cuando forman parte de ciertos motetes, de ciertas cantatas.

1325 (Pág. 163 – 6)

Un alma cantarina..., valga esta expresión ridícula, ¿hay algo más hermoso, más elevado?

1326 (Pág. 163 – 7)

Va a hacer falta que luche con todas mis fuerzas contra mi tendencia a la desesperación.

1327 (Pág. 163 – 8)

La vida se agota en el miedo a la muerte; y eso es todo. Quien no sienta este miedo no es más que un viviente. Ha sobrepasado la condición humana y ha caído por debajo de ella.

1328 (Pág. 163 – 9)

Cuando se está demasiado ocupado con la idea de la muerte, uno pierde todos sus recursos ante la muerte misma.

1329 (Pág. 163 – 10)

26 de mayo de 1963 . Noche pasada al raso de la pesadilla.

1330 (Pág. 164 – 1)

Leo el Diario del año de la peste de Daniel Defoe. Un libro lleno de horrores de los que me gustan, a la medida de mis deseos. Me regocijo en lo negro, en todo lo que evoca mi insaciable tristeza.

1331 (Pág. 164 – 2)

Mi drama es pretender conducirme como un sabio, mientras me comporto en todo momento como un “desesperado”.

1332 (Pág. 164 – 3)

El hombre..., el gran Profanador.

1333 (Pág. 164 – 4)

Vivo en la desolación cuando no tengo ningún motivo para ello; ¡cuando tenga uno, Señor!

1334 (Pág. 164 – 5)

¿Qué libro coger en esos momentos difíciles, ante nuestras pruebas capitales? ¡Hay bien pocos! ¿Y cuando reflexionamos acerca de la rareza de éstos, a qué achacarlo, sino a la imposibilidad del consuelo? El tiempo, sólo el desgaste cura las penas; los consejos no sirven para nada, todavía menos los “pensamientos”.

1335 (Pág. 164 – 6)

No hay originalidad alguna, ni en la vida ni en el arte, sin “mal gusto”.

1336 (Pág. 164 – 7)

Mientras vivo bajo lo tremebundo, encuentro palabras para exprimirlo; después de conocerlo bien por dentro, después de serlo, no encuentro ninguna más.

1337 (Pág. 164 – 8)

Aunque nos pese, es imposible no perder la razón.

1338 (Pág. 164 – 9)

30 de marzo . Noche atroz. Un dolor constante en las piernas. Treinta años de neurósis (¿). No quiero saber lo que tengo, he terminado con los médicos, he terminado con...

1339 (Pág. 164 – 10)

Por decirlo de mala manera, vivo en la categoría de Lo Fúnebre.

1340 (Pág. 164 – 11)

lunes, abril 07, 2008

Fragmentos del 1302 al 1320

“Cada hombre del pueblo en rebelión esconde cinco tiranos” (Lutero)

1301 (Pág. 160 – 9)

Cada vez que espero a alguien o que debo ir a una reunión, se apoderan de mí unas ganas locas de trabajar y la inspiración -que habitualmente no pierde la ocasión de rehuir mi compañía- me transporta al septimo cielo..., ¡sin duda porque no ha hecho sus pruebas! ¡Qué complicados son los caminos de la apatía!

1302 (Pág. 161 – 1)

Mi estado de desolación constante se debe a que, sea ilusión o realidad, poseo la convicción de que en todo estoy por debajo de lo que valgo, es decir, que no llego a estar a la altura de mí mismo. Me siento aplastado por el peso de mis irrealizaciones. Mis veleidades, como el correr de un veneno por dentro, me queman. Demasiados remordimientos como para tener pellejo de sabio. La sabiduría no se deja roer, ni golpear. ¡Al diablo, la sabiduría! Ya está bien de esta fijación.

1303 (Pág. 161 – 2)

Desde hace algunos años, la fatiga que tenía distribuída “equitativamente” por mi cuerpo parece haberse concentrado particularmente en la cabeza : todos los días constato esta ruptura del equilibrio y no veo como remediarla.

1304 (Pág. 161 – 3)

Todo lo que de malo y perecedero hay en Marco Aurelio procede del estoicismo; todo lo profundo y duradero, de su tristeza, es decir, del olvido de la doctrina. (Pascal ofrece un caso similar).

1305 (Pág. 161 – 4)

Seis horas pasadas en conversación, avergonzado, con un asco tranquilo.

1306 (Pág. 161 – 5)

Nada nos afecta tanto como ciertos lugares comunes leídos en determinados momentos, sobre todo aquellos que tratan sobre la inestabilidad de las cosas, la vanidad de la gloria y el olvido.

1307 (Pág. 161 – 6)

¡Despreciar a todo el mundo, y luego aceptar los elogios del primero que llega!

1308 (Pág. 161 – 7)

Una frase del Talmud que gustaba a Kafka: “Nosotros los Judíos, como los olivos, solo damos lo mejor de nosotros mismos cuando nos aplastan”.

1309 (Pág. 161 – 8)

Durante el Romanticismo, todos mis defectos me habrían venido maravillosamente....

1310 (Pág. 161 – 9)

¿Cómo un natural de los Cárpatos como yo ha podido llegar a atravesar todos los matices de la saciedad, y a sentir ese regusto por la nada al comienzo y al final de cada día? ¡Lo que debía dar de sí el vigor de mis ancestros!

1311 (Pág. 161 – 10)

20 de mayo de 1963, a las 19 horas. A cada momento, una impresión terrible: el termómetro desciendía vertiginosamente hasta el cero y, en mi sangre, la misma operación se repetía a la misma velocidad.

1312 (Pág. 162 – 1)

El drama de Kierkeggard : la nostalgia de ser una excepción, la imposibilidad absoluta de vivir como todo el mundo. Esa “astilla en la carne”, que retorna a menudo a su lecho de muerte... ¡Y todo por su incapacidad física de contraer matrimonio!

1313 (Pág. 162 – 2)

Entre Epicuro y Marco Aurelio, diferencias aparentes únicamente. Tanto uno como el otro me ayudan a vivir, no abandono sus compañías. Séneca, al lado de ellos, no es más que un charlatán.

1314 (Pág. 162 – 3)

Sólo tengo de cristiano el gusto por torturarme, por complicar inútilmente mi conciencia y mis días.

1315 (Pág. 162 – 4)

De vez en cuando dejo de leer la prensa (por una semana o dos, a veces durante más de un mes). Me animo incluso a dejar de leerla totalmente. ¡Qué paz! Un baño de intemporalidad cotidiano. En París, pero tan lejos de los acontecimientos como si viviera en un lejano caserío.

1316 (Pág. 162 – 5)

Hace tiempo empecé a escribir un artículo sobre la enfermedad. El artículo avanzaba..., hasta que caí enfermo (gripe, sinusitis, etc.). Y después, no sabía que decir sobre el tema.

1317 (Pág. 162 – 6)

En los últimos tiempos me ha dado por los clásicos de la Antigüedad (Epicuro, etc., etc.). Por un tonto afán de variedad, volví a sumergirme en Kierkegaard; para mí es un veneno leerle, tan escasamente pagano él, que hasta carecía de “arte de vivir” alguno y fue víctima de su propia alma (algo inimaginable para un espíritu antiguo).

1318 (Pág. 162 – 7)

Pienso en mis baladas de los Cárpatos, en ese silencio sobre las cumbres desnudas, donde no se oía más que el estremecimiento de algunas brisas de hierba. ¿Dónde encontrar el equivalente a esos recuerdos? ¿Qué he vivido después que pueda hacerme olvidar esos momentos de soledad?

1319 (Pág. 162 – 8)

Si se quiere ser feliz no se debe hurgar en la memoria.

1320 (Pág. 163 – 1)